lunes, 28 de julio de 2014

Paren de matar

     ¿Podrá la muerte restituir la vida?. En todo caso: cuántos muertos hace falta: mil asesinatos por cada muerto; diez mil, un millón, seis millones. ¿Sirven los heridos, los torturados, las violadas, los mutilados? ¿Serán alimento suficiente? ¿En qué momento y de qué manera el asesinado trasfiere humanidad al muerto? Luego de la trasferencia si es que existiera tal cosa en la realidad: ¿es posible una comunidad del asesinado y el muerto? ¿Estará el muerto satisfecho con su restitución o habría preferido asesinar a otro, recuperar la humanidad de otro asesinado? ¿Estará contento el asesinado con su sacrificio?
     Pido perdón por estas preguntas absurdas a quien pueda ocasionar dolor. Son absurdas porque no tienen respuesta y más aún porque ni siquiera la esperan. Son los argumentos de la industria de la guerra cada vez que comienza a funcionar. Una verdad impuesta a la fuerza.
     Evité referirme a un hecho puntual en la historia, aunque creo que cada uno que la lea sabrá ponerle nombre a los asesinos. Y lo último que pido es que nadie mate en mi nombre, ni que nadie me mate. No adhiero al argumento de la muerte Quiero seguir buscando lo poético en lo real, es decir el misterio que se abre cuando se rompe con la literalidad del poder.
     Había una foto de una joven que ponía una pequeña flor en el fusil de un soldado. Creo que pertenece a la restitución democrática en Portugal. No importa. Hoy resulta dolorosamente ingenua y a la vez provoca una nostalgia insoportable.
     PAREN DE MATAR

lunes, 21 de julio de 2014

El tiempo de un mundial

     Los mundiales de fútbol generan un efecto raro de suspensión. Nada es como suele serlo en lo que solemos llamar cotidianidad. La gente no corre de un lado a otro, todo puede dejarse para dentro de dos horas o para el día siguiente, lo que demuestra que ese tiempo de vacío y velocidad es arbitrario y es impuesto con el sentido de enloquecer, de que la reflexión, que aparece en la quietud y en la calma no sea posible.
     El tiempo de los mundiales parece más calmo. El unánime celeste y blanco anula casi totalmente la sensación de temor que tan trabajosamente han instalado en nosotros. Los bocinazos del triunfo buscan algo parecido a una complicidad, no una agresión. El otro no es un enemigo o por lo menos no lo es con la intensidad que suele serlo.
     Se dirá que todo es falso y que ni bien termine el mundial (ya terminó) todo va a seguir igual. Es verdad, pero por lo menos tenemos que tener la conciencia que si las relaciones culturales que supimos lograr son suspendidas por el tiempo de un mundial es que son tan falsas como la fiesta que dura ese mes o mes y medio. Nadie puede suspender lo que es natural.
     A los compañeros que dicen que el fútbol es el opio de los pueblos y que no hay que descansar en la lucha, les diría que tal vez en nuestras vidas tenemos suficientes vacaciones y queremos trasladar a los demás algo de nuestro espíritu patronal no suficientemente decostruído.
     El fútbol es un juego maravilloso. Basta un poco de papel abollado y un par de puloveres para armar un partido con los amigos y ,ahora por suerte, también con alguna amiga que la mueve bien.
     La selección Argentina llegó al segundo puesto y se lo festejó: esta bien. Me gusta la tradición olímpica del podio. Allí no hay un único ganador, o sí lo hay pero se sabe que el segundo (medalla de plata) y aún el tercero (medalla de bronce) son merecedores de admiración.
     En el tiempo lento del mundial hubo incluso espacio para hablar de grupo y de una camiseta con todos los números. El equipo es el otro y también nosotros, una totalidad hecha de amor y juego.

martes, 15 de julio de 2014

Messi y la pecera mediática

     No sé si podemos decir que vivimos sumergidos en lo mediático. Algunos imaginarán ese mundo diminuto y asfixiante como una pecera. El poder nos miraría desde afuera con la implícita amenaza de no tirarnos comida o de cortarnos el oxígeno o aún peor de sacarnos el agua en la que nadamos y respiramos. Sería un poder omnipotente, no habría un afuera, ni menos un mundo alternativo al que se pueda navegar desde esas aguas turbias y llenas de amenazas.
     Otros verían en ese mundo imaginado una exageración, la rutinaria queja de llorones que no pueden dejar de hablar de su derrota.
     Qué se puede decir en ese contexto de los jugadores de fútbol en un mundial. Que disponen de una pecera de lujo para nadar, iluminada y visible desde cualquier lugar del mundo. Se diría que son los peces más privilegiados, allí frente a nosotros, rápidos, hermosos, fuertes como ninguno. Nuestro equipo estuvo allí, en esa pecera de lujo, como uno de los mejores. Cada uno de nuestros muchachos nos contó una historia: Romero y su superación; Mascherano y su heroísmo salvando nuestro ejército en el último segundo; Sabella y su humildad de abuelo bueno y compañero; y finalmente nuestro niño de oro, Lío Messi, capaz de darle a la pelota (gol contra Irán) trazos dignos de un pintor surrealista.
     Pero, qué cansado se lo veía a nuestro niño sosteniendo su premio de oro, premio que no pidió y que tal vez no quería sostener. Allí arriba, en su tarima de mejor de todos, debe estar pensando, me lo imagino, lo que cada uno de nosotros soñamos en nuestras propias pecera, salir de una vez por todas de la asfixia de esa caja de vidrio y navegar y navegar, sin saber adonde, solo con el viento en nuestra cara guiándonos.

martes, 10 de junio de 2014

Elisa Carrió y la quiebra de un lenguaje


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segunda versión‏

 
 
08/06/2014
 
 
Para: Horacio
Elisa Carrió y la quiebra de un lenguaje


         Cuántas posibilidades reales tenemos de transformación en nuestras vidas. Porque, en verdad, parece evidente que todo cambia a nuestro alrededor, “todo lo sólido se desvanece en el aire”, escribió Marx y Marshal Berman lo tomó en su memorable libro, para ilustrar el modo en que la burguesía avanzaba enloqueciendo los relojes de la historia. Pero que destruyan casas y se levanten departamentos horribles; que en los supermercados haya miles de productos que no se sabe muy bien para que sirven; que se pase del Windows 7 al Windows 8 , no parecen ser elementos que vayan a conducir a la humanidad a su emancipación. ¿Podemos hablar entonces de trasformación o de decadencia? La palabra decadencia parece suponer un momento anterior de plenitud, algo que se era y se dejó de ser, la negación de una posibilidad de un avance: “el ángel de la historia mira hacia atrás y solo ve ruinas”, nos dice a través del tiempo la lúcida y desencantada voz de Walter Benjamin.
         La más famosa transformación, si es que vamos a continuar en la carrera loca de las citas de autoridad, es la de Gregorio Samsa, el protagonista del mito moderno que narró Kafka. En el aterrador cuento de Kafka, (estoy citando ahora el libro La Crisálida de Horacio Gonzalez) la metamorfosis había sucedido la noche anterior al relato, y el lector no encuentra en ningún lugar la noticia de cómo se ha realizado. Recordemos, Gregorio se despierta una mañana convertido en un bicho horrible pero lo que más nos conmueve, lo que nos hace pensar en nuestra propia condición, es que esa horrible transformación no altera la conciencia del que la sufre, sino que el desfortunado sigue preocupado en pagar la deuda familiar y en no perder su trabajo.
         Esta última cita nos lleva finalmente a nuestra propia pregunta: ¿Cómo se trasforman los mediáticos en mediáticos? Qué peso tiene en las conciencias de los personajes las sucesivas transformaciones quirúrgicas. ¿Siguen siendo los mismos, guardan en su memoria los episodios de su infancia, o se han convertido sin más en recipientes vacíos en donde se derramaran los sucesivos relatos.
Moria Casán, con su cara destruida o mejor dicho construida por sucesivas operaciones o Jorge Rial un hombre que convirtió su propia vida en una ficción en la que incluyó incluso a sus hijas adoptadas parecen ser los ejemplos más torpes de lo que digo. Pero lo que resulta más doloroso para muchos de nosotros es el translado de esa lógica impúdica de la transformación a la vida de algunos personajes de la clase política que se han arrojado (ellos dirían que es un acto de pura autoconservación) al fango del travestismo, que en su caso no es quirúrgico o no solo quirúrgico, sino sobretodo ideológico.
         Hace algunos días apareció en los medios una foto de Elisa Carrió. Se la ve en la cama con una pequeña muñeca que creo que representaba a la república. No voy a tratar de explicar el sentido de la foto porque no podría y tampoco la voy a adjetivar porque creo que no hace falta. Me siento sin embargo con derecho a utilizar esa foto como  símbolo de una degradación, de una pérdida de lo humano, la quiebra de un lenguaje que podríamos llamar histórico y el definitivo arribo de un lenguaje mediático .
          Nada bueno nos espera luego de esa transformación.

lunes, 5 de mayo de 2014

Francisco, un mito represivo

     En el silencio que provocó la algarabía que rodeo la designación de Bergoglio como papa (un papa peronista como decía el cartel, impreso, no se molestaron en disimularlo, por la misma gente que todos los años imprime un cartel de Rucci con la leyenda "argentino y peronista") se escuchó la escandalizada voz de Horacio Gonzalez, preguntándose, bajo qué forma se mató en la Argentina, y la respuesta que pudo dar es "bajo la protección de la iglesia católica". Luego recordó a compañeros que como Mujica creían en una religiosidad popular,  y que dejaron su vida por una visión cristiana de tipo sacrificial.
     Pero qué otra pregunta se podría haber hecho en eso días iniciales de sorpresa y de preocupación y qué preguntas nos podemos hacer hoy pasado un año, en torno a la figura del papa Francisco, esa imagen que se reproduce incansablemente y que fatiga (por usar una expresión borgeana) el espacio público sostenida por un aparato asfixiante, todavía eficaz, pero que se empieza a debilitarse.
     Puede ser que, tal como inconscientemente lo nombré, Francisco sea la imagen y Bergoglio el cuerpo. Francisco sonríe y Bergoglio mantiene su gesto severo tal como lo portaba cuando era arzobispo de Buenos Aires. Bergoglio nunca pareció muy preocupado por las pasiones populares y Francisco recibe la camiseta de San Lorenzo de manos del señor de la televisión.
     Pero hay más, Francisco dijo "quién soy yo para juzgar a los homosexuales. Bien. Hay que acercarse a los divoriciados. Muy bien. Dijo "este sistema económico no puede generar trabajo, porque esta inmerso en la idolatría del dinero. Excelente. Pero después debería pasar algo y no pasa nada. ¿No le creen? Porque lo aman los mismos que idolatran el dinero, los que idolatraban a Juan Pablo II en su lucha contra el comunismo, y a Ratzinger en su retorno a la edad media.
    Recientemente las cosas empezaron a quedar claras. En una misma reunión se santificó a Juan XXIII y a Juan Pablo II y asistieron Ratzinger y Francisco. Algo así como la ley de obediencia debida, el punto final y el indulto todo junto. Como los tres tenores cantando para la audiencia mundial. Un gran espectáculo, un gran retroceso, un mito represivo

domingo, 16 de marzo de 2014

El sistema panóptico

     Elegimos empezar con la dramática pregunta que se hacen los pensadores de la Escuela de Frankfurt en el año 1947, cuando todavía Europa salía de las ruinas de la segunda guerra mundial, "por qué la humanidad, en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, desembocó en un nuevo género de barbarie".
     Y en qué consistiría esa barbarie. Esa palabra, barbarie digo, resuena en nuestros oídos con la fuerza de los aullidos de la gauchada federal que se rebelaba contra la civilizada nación unitaria, sin embargo, Adorno Y Horkheimer estaban hablando de " la ilustración en el más amplio sentido de pensamiento en continuo progreso, ha perseguido desde siempre el objetivo de liberar a los hombres del miedo y constituirlos en señores. Pero la tierra enteramente ilustrada resplandece bajo el signo de una triunfal calamidad".
     Vivimos entonces en la linealidad de la técnica, es decir, la linea, el continuo progreso, que lleva nuestras vidas, por decir algo, del Windows XP al Windows 7, a la utopía realizada de un teléfono en cada mano, esos aparatitos a los que les hemos entregado nuestra subjetividad. Pero ¿se puede imaginar al mundo sin esos objetos, al hombre sin sus prótesis (tal como Freud denominó a los aparatos de la técnica en el malestar de la cultura). Sería otro mundo y otros hombres.
     Hay otras prótesis, sin duda más pesadas, que abruman la realidad de muchas maneras: me refiero a las cámaras de vigilancia que han sido elegidas por el candidato Massa como su símbolo más poderoso, la prótesis que permitirá que su mirada se proyecte hacia nosotros ¿para qué, para conocer las necesidades de los más débiles, para protegernos, o para castigarnos?
   Por las declaraciones del candidato panóptico en contra de la reforma del código penal se nota que prefiere el castigo, vigilar para castigar, como diría un francés.
     Hay una foto que salió en el diario La Nación en estos días, se ve en un primer plano a Hugo Moyano dándole la mano a Julio Cobos. Atrás de ellos se la ve a Patricia Bullrich con un sombrero elegante, que lleva el logo del diario, sonriendo satisfecha. La escena, según nos dicen sucedió en Expoagro.
     Se dice que Julio Cobos pidió presidir la comisión de educación de la cámara de diputados en reemplazo de Adriana Puiggros. Símbolos pesados, amenazas de futuras calamidades, que solo puede ser evitadas con militancia, el sencillo momento que el hombre deja sus prótesis y se rebela con las manos desnudas.

martes, 25 de febrero de 2014

Por qué Alfonsín

     Parece necesario, en los tiempos en los que nos atormentan los temblores de un presente amenazador, y en los que lo que está amenazado, tal como lo proclamó Carta Abierta es la patria, agrupar fuerzas.
     Y cuando digo patria amenazada no me refiero a la patria en abstracto tal como la entendían los militares de la dictadura, un simulacro vacío de marchas y taconeos, sino a la patria que proveyó a los hijos de los trabajadores que éramos, de aulas palacio, hoy humilladas por construcciones lamentables que ni siquiera incluyen a los siete mil chicos porteños sin vacante, siete mil chicos sin patria.
     Tal gravedad (quieren que lo repita: siete mil niños sin colegio y nombro solo este hecho porque me parece suficientemente simbólico) de la situación movilizó la voluntad de muchos de rescatar el nombre de Raúl Alfonsín. No creo que para repetir las erráticas y fallidas políticas que lo llevaron, al expresidente, a dejar el gobierno de una manera que sin duda no merecía, sino porque creo que se entiende que la historia son hechos que se encadenan en la lucha, sobretodo en el escenario de la derrota, cuando las ratas abandonan el barco, como suele decirse. Y creo que muchos piensan que el Kirchnerismo es de alguna manera, hijo de esa derrota, una derrota que pretendía ser ejemplificadora, (pienso también en la derrota de De la Rua y Cavallo abandonados por sus amigos del fondo monetario), un escarmiento, una educación presidencial, como tituló Horacio Verbitsky un libro en esos años. El Kirchnerismo nació porque hizo lo contrario a lo que había hecho Alfonsín, porque sabía que retroceder no servía de nada, había que ir por todo, perdido por perdido.
     Hoy hay que agruparse, seguir el legado, como también dijo el maestro Horacio Gonzalez, de viejas y ejemplares derrotas, de nuevos y merecidos triunfos, de la mano con el compañero, porque los buenos, si se me permite incluirme, somos muchos, pero los malos están por todos lados y no van a perdonarnos