miércoles, 21 de marzo de 2018

El nombre de Kant (el escritor como sujeto)

   Hoy no se puede, como en la ilustre época de Hegel, esperar que el ave de minerva tome vuelo al atardecer, no existe una temporalidad que se detenga, una especie de armisticio. Hoy es urgente pensar, hoy cuando la sangre de los niños no vale nada.
   Tal vez Marx pensaba en esa urgencia cuando decía que ya no basta con que la filosofía interprete la realidad, de lo que se trataba era de que interviniera en la transformación de ese objeto que se disponía a analizar.
   Y no se trata, como dice con mala intención Heidegger y sus dóciles glosistas, que el célebre cabezón intentara saltearse la reflexión para correr ciego hacia el futuro. Marx sabía que no hay experiencia sin reflexión y que no hay reflexión que pueda desarrollarse por afuera de la experiencia.
   El hombre se hace sujeto en ese trabajo y la escritura es uno de los ámbitos privilegiados de la experiencia del pensar. Y no porque el escritor se limite a mecanografiar lo ya pensado: la reflexión aparece junto al acto de escribir, en el acto mismo de escribir, como producto de él, incluso cuando el escritor pone en duda las palabras que va a utilizar, porque sabe que si quiere transformar la realidad debe destruir las convenciones del lenguaje que usa el poder para sujetar el pensamiento; debe problematizar la naturalizada relación de las cosas y su nombre, en suma debe intervenir en el conflicto de los contenidos y de las formas, conflicto que llamamos trabajosamente y con hastío literatura Argentina.
   Pienso en escritores que se plantearon ese desafío. Macedonio, por supuesto, desde su cátedra de la Perla de Once; Roberto Arlt, pegoteado por críticos que decían que escribía mal y hasta que tenía faltas de ortografía; el Flaco Spinetta cuyas letras para los tribunales de la industria cultural no podían entenderse o no las podían entender un público brutalizado por ellos mismos; y Horacio Gonzalez que desafía los lenguajes publicitarios con los que habla la política y con los que también se neutraliza, con una erudición que ofrece generosamente la galería del pensamiento universal y también artículos sobre el Indio Solari o cartas a Marlowe el famoso detective de Chandler.
   La literatura Argentina ha incorporado como consecuencia de esa contienda varios de sus textos más valiosos: el Facundo de Sarmiento, aparecido en diarios Chilenos como folletín con el propósito de derrocar a Rosas, hoy nosotros lo podemos leer como la mayor narración sobre la rebelión del gaucho; Operación Masacre, producto en su origen periodístico originado en la primicia que alguien le deslizó a Walsh: "hay un fusilado que vive" y que luego nadie se animaba a publicar, hoy lo leemos como el precursor de un género que fue llamado no-ficción y que podría haber sido llamado: la ficción de lo real. José Pablo Feinmann agregaría a la lista el Eternauta de Oesterheld, hoy que encontró el nombre de novela gráfica, puede ser absorbido entonces por la tradición literaria Argentina tan poco respetuosa afortunadamente de las formas exteriores a su experiencia.
   Filósofos-artistas-escritores denuncian el sistema social no solo desde el testimonio o la denuncia del latrocinio neoliberal, sino discutiendo y hasta negando, con el estilete de sus obras, las formas mismas del sistema, formadoras de una cultura que se hizo a si misma creando monstruos y esclavos

miércoles, 14 de marzo de 2018

Basta de pedir disculpas; Cristina 2019

   Hay una prohibición en la Argentina. Una prohibición que nadie se anima a romper de ningún lado de la grieta. Lo que está prohibido es elogiar a Cristina Fernandez. A Nestor sí se lo puede elogiar, total está muerto y ya no jode. Cristina todavía los puede mandar a zurcirse el orto. Así, con esa retórica salvaje, ata los caballos en la Plaza de Mayo y se sienta a descansar metiendo las patas en la fuente.
   Pero no es un problema personal, es un problema con la interpretación del peronismo como hecho revolucionario del país burgués (lo de revolucionario corre por cuenta de un no peronista como Tulio Halperín Donghi). Y no se trató de una interpretación hecha desde un púlpito académico, fue una interpretación que se unió a una experiencia. Fue una interpretación que inauguró al kirchnerismo como tal y que inspiró las medidas que se dieron sobretodo luego de la derrota del 2009. Una interpretación que llevó una mujer a bancarse un paro oligarca liderado por machos con olor a bosta y a dólares panameños.
   Y por eso se bajaron los cautos, los serios, los que siempre caen parados y que nunca se quedan sin laburo, los que en 2016 pedían autocrítica. ¿Autocrítica ante quién, ante los hambreadores y los fusiladores de militantes o de niños? Ante ellos no nos disculpamos nunca, resistimos. Pero aún los cautos y hasta algún integrante del gobierno neoliberal ante la brutalidad del Angel Exteminador, piensan que el peronismo va a tener que volver para suturar las heridas.
   Pero qué peronismo: un peronimo sin Cristina. Para los optimistas ese peronismo sería un menemismo apenas maquillados y los resignados un cafierismo del temprano y derrotado bipartidismo.
   Cristina es la diferencia. Un gobierno que trasfiere dinero de los que más tienen a los derrotados del 2001. Un gobierno de la "mentira" del bienestar social. Un gobierno que merece ser llevado como bandera a la victoria

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   Creo que para que pueda existir la experiencia debe existir la comprensión, o por lo menos la intención de integrar pensamiento y acción. La experiencia sin comprensión nos lleva a chocarnos una y otra vez con la misma pared y la comprensión no es plena si no la llevamos, si no la convertimos (como dijimos que pasó a partir de 2008) en experiencia. en algún momento privilegiado experiencia y saber se dan de la mano.
   Hoy la experiencia es la del sufrimiento, la punición neoliberal se despliega sin ninguna dificultad en los cuerpos y en las almas. El antiperonismo destruye, parte de la idea de eliminar lo que otro hizo, esa es su brutal eficacia. Pero, qué es lo que destruye: lo que el peronismo construyó.
   Los derechos se naturalizan y está bien. No se trata de endiosar a los dirigentes o de construir altares de la patria. Eso se suele hacer en tiempos de derrota, además sería otra forma de ocultar la experiencia, las luchas que fueron necesarias y las que serán necesarias en el futuro. Si la historia la hacen los santos de la espada, qué queda para los seres grises que vivimos en la lucha cotidiana y pequeña: la derrota y la nostalgia de los tiempos en los que vivían los santos que es siempre el pasado. Pero de lo que sí se trata es de valorar lo que se hizo y a quienes lo hicieron.
   Valorar a Cristina que soporta como una más la punición del antiperonismo. Pido que se la valore, solo así  se empezará a recuperar lo perdido, solo así se podrá comprender lo que pasa.

jueves, 22 de febrero de 2018

Centro cultural Kirchner

   Se tiene conciencia de lo que se pierde pero no de lo que se consiguió o mejor dicho de lo que fue necesario para conseguir lo que se consiguió. Claro, es abrumador enumerar cada logro porque fueron muchos y aún más adosarle la historia de las resistencias con que se encontraron. Ya lo dije, nunca se hizo la historia del antiperonismo, por eso vuelven los mismos tipos y lo que es peor las mismas políticas antipopulares votadas por el pueblo. Los derechos no se los tiene porque correspondan sino porque son productos de una lucha y del sacrificio de mucha gente. Y lo mínimo que se puede pedir es que no se los prive del nombre. El centro cultural que se hizo allí donde estaba el correo Argentino propiedad del angel exterminador no se llama CCK, se llama Kirchner aunque les moleste mucho relacionar al peronismo con la cultura y no con la barbarie como están acostumbrados

lunes, 19 de febrero de 2018

Pequeña fábula Argentina

   Un día el presidente de la televisión se le ocurre ser presidente del fútbol. El presidente del mercado que ha logrado la presidencia de la república siendo presidente del club más popular, presiente que si el presidente de la televisión es además presidente del fútbol su puesto de presidente de la nación y aún el de presidente del mercado corre peligro. Inventan un empate imposible. Hay 75 miembros y sin embargo la votación sale 38 a 38. Finalmente le hacen entender al presidente de la televisión que si sigue intentando ser presidente del fútbol sus negocios se verán perjudicados. El presidente del mercado es ahora presidente de la nación y presidente del futbol. Alguien piensa que tres presidencias son muchas presidencias para una sola persona. Pero ese alguien no es presidente de nada y entonces nadie lo escucha

El ruido de la televisión

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No bastaba con el periodismo patrullero ahora tenemos el periodista patrón, aquel que increpa al trabajador en huelga. Todavía no bauticé a los que se preocupan por los jubilados en paro bancario y no cuando se les confisca parte del salario

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Insisto. Muy sofisticado lo de C5N, ningunear al kirchnerismo como oposición o diluirlo con otras fuerzas en retroceso como el massismo o mínimas como el troskismo

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Qué onda c5n dándole tanto espacio a los partidos troskistas, mayor al del kirchnerismo

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El bueno de Bercovich, tan bueno que se lo considera de izquierda. Si hasta defiende paternalmente a la gobernadora Vidal por su condición de género y en su cruzada justiciera defiende a la gente que no es tonta y que si votan a sus victimarios es por culpa de adivinen quien. La batalla cultural quedó bajo tierra enterrada por sepultureros con cara de buenos

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Los periodistas simpáticos. Poco creíbles. Guionados con textos berretas mal recitados. La información más importante: si llevar paraguas o no; si hay que llevar un saquito por las dudas

viernes, 16 de febrero de 2018

Vislumbres del yo

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Por qué decir, elegir una palabra, sería silenciar las otras. En todo caso tengo las demás palabras a mí disposición y lo que es más importante a disposición de una respuesta. Decir es decirle al otro

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Ser para la muerte es ser en tránsito pero también es saber que cada instante es único y que hay un imperativo de vivirlo

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Decir yo soy es decir yo estoy siendo.

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Si yo digo lo mismo con otras palabras no significa que haya palabras sobrantes o redundantes. Habría en cambio un yo que busca desesperadamente su palabra o si se quiere hay un yo que debería callar. El silencio también es una búsqueda

lunes, 5 de febrero de 2018

Hay un escritor

 Para Horacio Gonzalez, porque no escribe con el lenguaje de la máquina
 
   Ya no hay escritores. Fueron eliminados uno a uno por el Directorio. Nadie recuerda exactamente por qué, tampoco interesa demasiado el motivo. Todos los libros que se pueden comprar fueron escritos por la Máquina. Todo lo que necesitamos saber lo sabemos por la Máquina. Hay una sola verdad. Ya nadie inventa mundos inexistentes. No hace falta, somos felices hace siglos. Sin embargo, hace algunos días, alguien sugirió que podría haber quedado un escritor. Alguien que incluso conoce lo que llamaban literatura: papeles manchados en lenguajes que la máquina no usa. Pero quién pudo decir tal cosa y cómo pudo enterarse sino fue la máquina quién se lo informó. Si existió ese alguien debe haber sido ejecutado. Cómo lo se yo. Muy simple: soy el que tiene que encontrar al escritor y matarlo

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  Lo que sé lo tengo que olvidar. A su debido tiempo, cuando haya terminado mi trabajo. Es parte de nuestro oficio: saber y olvidar. Hacemos un trabajo de limpieza y luego nos lavamos cuidadosamente las manos. Sino fuera así no podríamos hacer nuestro trabajo. Sino fuera así el Directorio no podría gobernar y a nosotros nos resultaría imposible vivir tranquilos. Saber y olvidar. Ese es el fundamento del sistema.
   Cómo reconocer a un escritor. Se me ha dicho que eran como nosotros pero que leían en secreto a otros escritores que como ellos inventaban lenguajes distintos. Leían, escribía y lo peor de todo: no olvidaban

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   Antes de que existiera la Máquina estábamos perdidos, confundidos tal vez por los lenguajes que inventaban los escritores. Ahora lo sé y tal vez lo tenga que olvidar

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   Saber. Cuántas cosas más debo saber. ¿Lo soportará mi sistema o elegirán a otro? Un escritor no puede dejar de escribir. En algún momento se equivocará y le contará a alguien una historia que no se haya publicado en la Máquina. Alguien, algún día, hablará un lenguaje perfumado, disonante, inentendible, insoportable. Pero cómo enterarse, no podemos controlar a cada uno. Aunque tal vez solo haya uno capaz de hacerlo y será suficientemente escandaloso como para que me entere.

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   El lenguaje no es otra cosa que matemáticas. A un número determinado de palabras le corresponde un número limitado de combinaciones posibles. La máquina pudo resolverlo. Hubo muchos modelos hasta que lograron uno que llegara a conocer todas las combinaciones posibles. Y se demostró que había un amplio número de ellas que eran inútiles. Y lo que es peor confusas. El lenguaje de la Máquina es fundamentalmente claro y preciso, ni más, ni menos. Solo de esa claridad podía finalmente conocerse la verdad que es única.
   Qué pasaría entonces si apareciera un escritor y destruyera la Máquina. Lo podría hacer. Bastaría que inventara nuevas combinaciones que la harían funcionar en falso y la descompondrían. No habría entonces mundo, no habría verdad, no habría nada

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   Solía tener los huesos desnudos. Unos ojos que hacían recordar a la lluvia. Besos que nunca le dí se quemaban junto a los papeles de un mundo prohibido

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   Basta, mi memoria está agotada. No sé cómo entran las palabras en mi alma. Tengo miedo de ser el escritor