Hay en todo político un alto grado de divismo. Del apodo de Don Yo que le inflingieron a Sarmiento a la gran Lilita y sus performances televisivas.
Hay un político en la ciudad de Buenos Aires llamado Daniel Amoroso. Hace instalado inmensos carteles (lo viene haciendo hace tiempo) con su cara en primer plano y con consignas publicitarias, lugares comunes insustanciales, que fueron acercándose, voluntariamente o no, al humor. Por ejemplo: Daniel respetuoso, Daniel Amoroso. Yo creo que la mente genial del grupo de creativos de la agencia de publicidad contratada para diseñar esta campaña, debe estar cagandose de risa.
Podríamos decir que todavía sigue vigente el desplazamiento de la política a la publicidad que tuvo su plenitud en los noventa y que todavía resiste en estas campañas. Recordemos el slogan de Menem: síganme no los voy a defraudar o el de De La Rúa: dicen que soy aburrido. Ningún elemento de ruptura, nada que pueda entorpecer el movimiento del político una vez elegido-
Incluso puede concebirse candidatos de izquierda que usen esos elementos. Victoria Donda nos decía, mostrando sus generosos pechos, que se iba a portar mal, repitiendo el estribillo de una canción de moda y recientemente ha instalado carteles que dicen que la reelección de la presidenta sería un retroceso consigna le permite compartir el mismo espacio con políticos conservadores.
No importa que se dice, de hecho puede decirse cualquier cosa, lo importante es aparecer, ocupar un espacio en los medios. La cantidad de fotos ganadas se puede asociar como la cantidad de goles de un delantero. El caso más doloroso es el de Hugo Moyano, un delantero que se mueve por todo el frente del ataque a la presidenta: comparte un espacio político con el Momo Venegas, se reune con la patronal del campo, con los radicales, con Scioli, con periodistas de TN desde cuyos estudios declara una huelga que suspende el día después. Es decir Moyano es el goleador de la política del aparecer.
La presidenta aparece, tal vez demasiado, en cadenas nacionales que enardecen a los que parecen ser los dueños del aparecer, los directores técnicos que deciden quién entra y cuantos minutos juega. De esa manera la presidenta aparece anunciando medidas de gobierno que ella supone que no aparecerían de otra forma y desgasta de esa manera su figura o la engrandece, quién sabe.
Para finalizar, esta nota la escribo para aparecer aunque no parezca.
domingo, 7 de octubre de 2012
domingo, 9 de septiembre de 2012
Macri y la espiritualidad
Nada más tranquilizador que un diccionario. Ahí guardamos las palabras con los significados que se han sedimentado con el tiempo. Podemos estar seguros que cada vez que las busquemos significarán lo mismo. Es la prueba de que hemos escapado de la trampa Babélica. Es decir, que finalmente la comunicación entre los hombres es posible mediante el uso de esos libros que en general vienen en tapa dura y que en otras épocas se compraban en cuotas para ponerlos intactos en la estantería del living.
Sin embargo, a medida de que nos encontramos con los otros comprobamos que los malos entendidos se siguen produciendo con gran facilidad y frecuencia..
Uno puede escuchar en una discusión, dicho con angustia: ¡yo no quise decirte eso! Es ahí donde se producen los choques de interpretaciones entre los que hablan y los que escuchan, casi como si se hablara en idiomas distintos, como si el lenguaje siempre posibilitara una vuelta más del sentido que supuestamente debería quedar claro en aquellos libros que compramos..
Mucho más complejo es entonces cuando una corriente política decide hablarle a la sociedad y más aún cuando intervienen los medios de comunicación.
Por estos días hay un congreso de espiritualidad en Buenos Aires. No sabemos demasiado acerca de sus participantes y tampoco es el propósito de estas lineas profundizar en el conocimiento de esta corriente cultural. Lo que nos impulsa a escribir, lo diremos claramente, es la incomodidad y la confusión que nos produce la relación de la palabra espitualidad y la corriente política que lidera Mauricio Macri.. Tal vez se deba a que aunque usamos las mismas palabras hablamos idiomas distintos.
Paralelamente a este congreso de espiritualidad se produjo un conflicto en la escuela pública de la ciudad de Buenos Aires por un juego didáctico basado en el Eternauta. El juego es impulsado por el grupo político La Cámpora y se realizaba en los colegios previa autorización de las autoridades. El ministro de educación de la ciudad, en sincronía con una serie de notas condenatorias aparecidas en los diarios de más tirada, lo prohibió y habilitó una linea telefónica para que los padres puedan denunciar la intromisión de la política en las escuelas.
Entonces, para empezar a explicarnos qué es lo que entiende por espiritualidad el grupo cultural-político liderado por Mauricio Macri y para empezar a escribir un diccionario que ayude a entenderlos, diremos que espiritualidad es para ellos la ausencia de la política, en la medida que asocian la política al interés partidario, la corrupción, la intromisión del estado y la falta de libertad para los negocios.
No es de extrañar pues que el ministro de educación de esa corriente conciba una pedagogía de la denuncia policial de las actividades políticas y que prohíba en consecuencia el Eternauta y despida a docentes que se atrevan a parodiarlo y a debilitar en consecuencia lo que el más aprecia de si mismo que es su autoridad.
Nosotros creemos que ese grupo detesta la política en la medida de que sospecha que se puede poner en peligro sus intereses y toma en su reemplazo a la espiritualidad en la medida de que entienden que esa corriente puede ser reducida al discurso hueco de la publicidad. Por ejemplo: si sucede conviene. Esa frase sorprendente es la consigna que pone en su pared el guía espiritual de la televisión Marcelo Tinelli. Claro que les conviene y que nadie venga a joder con la política ni que intente cobrarles impuesto ni impedirles comprar los dólares que necesitan para gastar en Miami.
En su corto paso por el servicio militar, Charly García escribió una canción llamada "Botas Locas". La letra decía: "si ellos son la patria yo soy extranjero". Yo puedo decir entonces, parafraseando: si ellos son espirituales yo soy materialista (y dialéctico)
Sin embargo, a medida de que nos encontramos con los otros comprobamos que los malos entendidos se siguen produciendo con gran facilidad y frecuencia..
Uno puede escuchar en una discusión, dicho con angustia: ¡yo no quise decirte eso! Es ahí donde se producen los choques de interpretaciones entre los que hablan y los que escuchan, casi como si se hablara en idiomas distintos, como si el lenguaje siempre posibilitara una vuelta más del sentido que supuestamente debería quedar claro en aquellos libros que compramos..
Mucho más complejo es entonces cuando una corriente política decide hablarle a la sociedad y más aún cuando intervienen los medios de comunicación.
Por estos días hay un congreso de espiritualidad en Buenos Aires. No sabemos demasiado acerca de sus participantes y tampoco es el propósito de estas lineas profundizar en el conocimiento de esta corriente cultural. Lo que nos impulsa a escribir, lo diremos claramente, es la incomodidad y la confusión que nos produce la relación de la palabra espitualidad y la corriente política que lidera Mauricio Macri.. Tal vez se deba a que aunque usamos las mismas palabras hablamos idiomas distintos.
Paralelamente a este congreso de espiritualidad se produjo un conflicto en la escuela pública de la ciudad de Buenos Aires por un juego didáctico basado en el Eternauta. El juego es impulsado por el grupo político La Cámpora y se realizaba en los colegios previa autorización de las autoridades. El ministro de educación de la ciudad, en sincronía con una serie de notas condenatorias aparecidas en los diarios de más tirada, lo prohibió y habilitó una linea telefónica para que los padres puedan denunciar la intromisión de la política en las escuelas.
Entonces, para empezar a explicarnos qué es lo que entiende por espiritualidad el grupo cultural-político liderado por Mauricio Macri y para empezar a escribir un diccionario que ayude a entenderlos, diremos que espiritualidad es para ellos la ausencia de la política, en la medida que asocian la política al interés partidario, la corrupción, la intromisión del estado y la falta de libertad para los negocios.
No es de extrañar pues que el ministro de educación de esa corriente conciba una pedagogía de la denuncia policial de las actividades políticas y que prohíba en consecuencia el Eternauta y despida a docentes que se atrevan a parodiarlo y a debilitar en consecuencia lo que el más aprecia de si mismo que es su autoridad.
Nosotros creemos que ese grupo detesta la política en la medida de que sospecha que se puede poner en peligro sus intereses y toma en su reemplazo a la espiritualidad en la medida de que entienden que esa corriente puede ser reducida al discurso hueco de la publicidad. Por ejemplo: si sucede conviene. Esa frase sorprendente es la consigna que pone en su pared el guía espiritual de la televisión Marcelo Tinelli. Claro que les conviene y que nadie venga a joder con la política ni que intente cobrarles impuesto ni impedirles comprar los dólares que necesitan para gastar en Miami.
En su corto paso por el servicio militar, Charly García escribió una canción llamada "Botas Locas". La letra decía: "si ellos son la patria yo soy extranjero". Yo puedo decir entonces, parafraseando: si ellos son espirituales yo soy materialista (y dialéctico)
sábado, 11 de agosto de 2012
El caño de Riquelme
¿Qué dejamos fuera de la política y que incluimos? La pregunta supone un afuera de la política que ya implica una definición, porque algunos dirían, Aristóteles por ejemplo, que el hombre es un ser político en cuanto vive en sociedad y que por consiguiente, todo lo humano puede ser explicado por la política.
Creo, sin embargo, que el sentido común establecido, limita lo político a la acción del estado. Se reconoce fácilmente en esa idea las concepciones liberales aunque se puede ver, aún hoy, a grupos de izquierda sosteniendo los mismos argumentos. Lo político casi dejaría de ser humano, se habría convertido, para ese ideario, en una intromisión que habría que debilitar lo máximo posible.
Pero la política, como un animal mitológico que se reconstruye cada vez, se cuela en cada discusión en la que hay en disputa por lo menos dos puntos de vista. El fútbol, por ejemplo. Hace algunos años se estableció una discusión sobre estilos de juego. A los que preferían un tipo de juego técnico y vistoso se los identificó con el director técnico Menotti y a los que adherían a un juego mecanizado y eficiente se los identifico con el director técnico Bilardo.
En el desarrollo de esa discusión se llegó a el uso de términos de la política: se dijo que había un fútbol de izquierda que sería el que gusta de las gambetas y uno de derecha que prefiere los goles de pelota detenida. Una exageración sin duda. Pero en el comportamiento en la cancha y afuera de ella los futbolistas son hombres que tienen una concepción de la vida que sí se podría calificar de política.
Hace algunas semanas, a propósito de la polémica despedida de Juan Román Riquelme de Boca se recordó una jugada. La he mirado una y otra vez desde entonces, dura unos segundos, es un momento que ha sido rescatado de su fugacidad por la tecnología. La computadora la repite tantas veces como nuestra voluntad lo requiera, tal como sucedió. Riquelme y Yepes, los protagonistas de la escena, vuelven a tener cada vez la edad que tenían y a vestir la camisetas de los clubes en los que jugaban: Riquelme para Boca y Yepes para River. Todo se repite pero la jugada ya no es la misma. El mismo Riquelme fue el que la cambió cuando dijo en un reportaje que el que se había lucido era Yepes porque no le había pegado una patada. Se sabe, está establecido como un código de hombres, que el defensor que es sobrepasado con un lujo debe castigar al habilidoso con una patada. Yepes no lo hizo. Sacamos la jugada del fondo de tiempo y lo vemos a Riquelme recibiendo la pelota en un lateral y a Yepes enfrentándolo, presionándolo, según dirían los relatores deportivos. Riquelme se pone de espaldas para proteger la pelota la pisa y la desliza entre las piernas de su rival que queda descolocado. La jugada sigue. Hay un defensor de River que logra pelliscar la pelota pero Riquelme se la lleva por el lateral. Ahora es Yepes nuevamente el que lo persigue y que se le tira a los pies inutilmente, sin embargo su trabajo finalmente da resultado porque la pelota se va de la cancha. La jugada fue ineficaz según podrían decir los que aman la eficiencia porque el rival recuperó la pelota, sin embargo Riquelme fue ovacionado por su tribuna. ¿Se equivocaban, no sabían nada de futbol? No, advirtieron que habían presenciado un acto de creación no exento de belleza. No importaba el resultado, la jugada tenía sentido por sí misma.
Pero la jugada para Riquelme no terminó. Nos entregó una interpretación que sale de lo frecuente, que habla de su concepción de la vida que, de alguna manera se puede relacionar con la política. Dijo que Yepes se había lucido. Que era de hombre, de la concepción que él, Riquelme, tiene del hombre, renunciar a la violencia, aceptar la superioridad momentánea del rival y comenzar de nuevo.
Gracias Román, fue un placer tenerte como rival. Todos nosotros, gracias a vos, somos un poco mejores.
Creo, sin embargo, que el sentido común establecido, limita lo político a la acción del estado. Se reconoce fácilmente en esa idea las concepciones liberales aunque se puede ver, aún hoy, a grupos de izquierda sosteniendo los mismos argumentos. Lo político casi dejaría de ser humano, se habría convertido, para ese ideario, en una intromisión que habría que debilitar lo máximo posible.
Pero la política, como un animal mitológico que se reconstruye cada vez, se cuela en cada discusión en la que hay en disputa por lo menos dos puntos de vista. El fútbol, por ejemplo. Hace algunos años se estableció una discusión sobre estilos de juego. A los que preferían un tipo de juego técnico y vistoso se los identificó con el director técnico Menotti y a los que adherían a un juego mecanizado y eficiente se los identifico con el director técnico Bilardo.
En el desarrollo de esa discusión se llegó a el uso de términos de la política: se dijo que había un fútbol de izquierda que sería el que gusta de las gambetas y uno de derecha que prefiere los goles de pelota detenida. Una exageración sin duda. Pero en el comportamiento en la cancha y afuera de ella los futbolistas son hombres que tienen una concepción de la vida que sí se podría calificar de política.
Hace algunas semanas, a propósito de la polémica despedida de Juan Román Riquelme de Boca se recordó una jugada. La he mirado una y otra vez desde entonces, dura unos segundos, es un momento que ha sido rescatado de su fugacidad por la tecnología. La computadora la repite tantas veces como nuestra voluntad lo requiera, tal como sucedió. Riquelme y Yepes, los protagonistas de la escena, vuelven a tener cada vez la edad que tenían y a vestir la camisetas de los clubes en los que jugaban: Riquelme para Boca y Yepes para River. Todo se repite pero la jugada ya no es la misma. El mismo Riquelme fue el que la cambió cuando dijo en un reportaje que el que se había lucido era Yepes porque no le había pegado una patada. Se sabe, está establecido como un código de hombres, que el defensor que es sobrepasado con un lujo debe castigar al habilidoso con una patada. Yepes no lo hizo. Sacamos la jugada del fondo de tiempo y lo vemos a Riquelme recibiendo la pelota en un lateral y a Yepes enfrentándolo, presionándolo, según dirían los relatores deportivos. Riquelme se pone de espaldas para proteger la pelota la pisa y la desliza entre las piernas de su rival que queda descolocado. La jugada sigue. Hay un defensor de River que logra pelliscar la pelota pero Riquelme se la lleva por el lateral. Ahora es Yepes nuevamente el que lo persigue y que se le tira a los pies inutilmente, sin embargo su trabajo finalmente da resultado porque la pelota se va de la cancha. La jugada fue ineficaz según podrían decir los que aman la eficiencia porque el rival recuperó la pelota, sin embargo Riquelme fue ovacionado por su tribuna. ¿Se equivocaban, no sabían nada de futbol? No, advirtieron que habían presenciado un acto de creación no exento de belleza. No importaba el resultado, la jugada tenía sentido por sí misma.
Pero la jugada para Riquelme no terminó. Nos entregó una interpretación que sale de lo frecuente, que habla de su concepción de la vida que, de alguna manera se puede relacionar con la política. Dijo que Yepes se había lucido. Que era de hombre, de la concepción que él, Riquelme, tiene del hombre, renunciar a la violencia, aceptar la superioridad momentánea del rival y comenzar de nuevo.
Gracias Román, fue un placer tenerte como rival. Todos nosotros, gracias a vos, somos un poco mejores.
sábado, 21 de julio de 2012
Las parrafadas de La Sarlo
Soy un lector tardío de los on-line de los diarios, o de los portales, si se quiere usar una palabra española a falta de una del río de La Plata. Aunque tal vez lo era sin darme cuenta: ya hace algunos años los diarios de más venta habían adaptado su estilos a la modalidad de la lectura en internet o de lo que ellos piensan que es esa lectura o de lo que ellos quisieran que fuera. No importa. Proliferaron notas de pocas lineas, aptas para una lectura rápida y despersonalizada. Esa nueva forma del periodismo correspondía también a lo que la época quiere imponer como actualidad, es decir, pura aceleración, una noticia que sucede a la otra, que nos dejaría ante un presente eterno sin posibilidad de construir una memoria y mucho menos una utopía o si se quiere una identidad.
De todas maneras, prendemos la computadora cada mañana, inaugurando una nueva ceremonia, la plegaria matutina del burgués, como dijo el viejo Hegel, aunque con un aparato demoníaco que el último filósofo no había imaginado. Lo primero que vamos a decir es que es más higiénico, no tenemos que dar vuelta ninguna hoja cubierta con tinta, solo un doble click sobre el ícono que representa al diario que vamos a elegir o sobre la nota que vamos a leer y correr la imágen con una ruedita que tiene el mouse que manejamos con la mano derecha. Si leemos La Nación las columnas estan luego de las noticias, hay que correr la ruedita un par de veces. Cada columnista tiene su foto pero lo que busca captar la atención del lector son los títulos. Casi todos están referidos a la presidenta y la modalidad en su totalidad es insultante y despreciativa. No vamos a repetir ninguno sin embargo vale consignar que es una victoria política, seguramente no deseada por la presidenta, que cada cosa de la realidad, según estos señores, le esté referida.
Entre los columnistas está Beatriz Sarlo. Leí en los ochenta un par de libros suyos que me parecieron dignos de releer: El Imperio de los Sentimientos que era un estudio de los folletines y sobretodo Buenos Aires: una modernidad Periférica, libro deudor, luego lo supe, de Walter Benjamin, que ligaba la literatura Argentina y sobretodo Arlt y Borges con las transformaciones de la ciudad en las décadas del 20 y el 30.
Luego en los noventa leí, con menos interés, los libros referidos a los nuevos fenómenos de la modernidad, los llamados no-lugares, fundamentalmente los shoppings que empezaban a aparecer en esos años.
La primera columna que recuerdo haber leído de ella en La Nación data del año 2005 y la destinataria de sus críticas era -adivinaron- Cristina Fernandez. La circunstancia era la elección de senadores de la provincia de Buenos Aires en la que la presidenta derrotó a Chiche Duhalde. La crítica se refería a la negativa de la entonces senadora a darle reportajes a La Nación y a contestar un requerimiento de Poder Ciudadano, ong que, por entonces, se atribuía la fiscalización de la conducta de la clase política. Luego esas críticas se repitieron, casi son una sola columna que se vuelve a publicar una y otra vez y en las que Sarlo sacrifica su yo para mimetizarse con su otro, o con su otra, en este caso la presidenta de la nación. Esa sola columna tiene un estilo fragmentado, cada parrafo, de cinco o seis renglones, desarrolla una idea que es un pretexto para insertar un adjetivo que ilustre su desagrado ante cada acción de Cristina Fernandez.
¿Estaba esta Sarlo entre las lineas de aquellos libros admirados de los ochenta o en sus sutiles lecturas de Borges? Es una pregunta que me repito cada vez que leo con creciente frustración sus párrafos.
sábado, 30 de junio de 2012
Gracias Badìa
Toda vida que se pierde es irrecuperable. Lo digo conciente de que la maquinaria mediàtica amenaza con condenar a la repeticiòn cualquier palabra que se diga en estas circunstancias.
Juan Alberto Badìa, de èl quiero hablar, desenpolvò la palabra trayectoria, la dijo en su ùltima apariciòn pùblica en la entrega de los premios Martìn Fierro. Esa palabra, dicha en ese àmbito, creaba una diferencia, porque trayectoria supone una temporalidad distinta a la que està vigente, una cadena de hechos necesarias, incluso retrocesos o inmovilidades. Es decir: trayectoria supone tiempo, trabajo, lucha, y no escàndalo, impacto, estridencia y mucho menos la banalidad grosera y pornogràfica imperantes. Ahì habìa un choque de culturas. Claro que eso no fue advertido en esa reuniòn, porque los enfermos no joden, los muertos menos.
Badìa podìa reclamar trayectorias porque estaba respaldado por su trabajo y por la modalidad en la que habìa hecho sus programas. Su gran èxito, Badìa y cia era un programa òmnibus, es decir duraba 5 o 6 horas, correspondìa a una època que hoy parece prehistòrica, anterior a la tv por cable y a internet. No necesitaba retener al televidente con el recurso del impacto permanente, de la estridencia y la velocidad. No levantaba la voz, su hablar era pausado, tal vez porque tenìa cosas para decir. Recuerdo que en ese programa estuvieron Borges y Sàbato, pero tambièn Sergio Denis y Spinetta y el profesor Lambetain y el mismìsimo Tinelli algo màs gordo y lento. Es decir, tenìa la idea de que lo popular podìa convivir con la alta cultura.
Alguna vez me lo crucè en la calle, yo iba con mi abuela, nos regalò su amabilidad y su paciencia.
Dije que su vida es irrecuperable, como es irrecuperable y ùnica cada vida. Nos dejò la nostalgia de una època perdida, pero su trayectoria nos ayuda a pensar, en medio de los gritos y la banalidad infinita, que la creaciòn de una diferencia no es solo posible sino que es indispensable.
Juan Alberto Badìa, de èl quiero hablar, desenpolvò la palabra trayectoria, la dijo en su ùltima apariciòn pùblica en la entrega de los premios Martìn Fierro. Esa palabra, dicha en ese àmbito, creaba una diferencia, porque trayectoria supone una temporalidad distinta a la que està vigente, una cadena de hechos necesarias, incluso retrocesos o inmovilidades. Es decir: trayectoria supone tiempo, trabajo, lucha, y no escàndalo, impacto, estridencia y mucho menos la banalidad grosera y pornogràfica imperantes. Ahì habìa un choque de culturas. Claro que eso no fue advertido en esa reuniòn, porque los enfermos no joden, los muertos menos.
Badìa podìa reclamar trayectorias porque estaba respaldado por su trabajo y por la modalidad en la que habìa hecho sus programas. Su gran èxito, Badìa y cia era un programa òmnibus, es decir duraba 5 o 6 horas, correspondìa a una època que hoy parece prehistòrica, anterior a la tv por cable y a internet. No necesitaba retener al televidente con el recurso del impacto permanente, de la estridencia y la velocidad. No levantaba la voz, su hablar era pausado, tal vez porque tenìa cosas para decir. Recuerdo que en ese programa estuvieron Borges y Sàbato, pero tambièn Sergio Denis y Spinetta y el profesor Lambetain y el mismìsimo Tinelli algo màs gordo y lento. Es decir, tenìa la idea de que lo popular podìa convivir con la alta cultura.
Alguna vez me lo crucè en la calle, yo iba con mi abuela, nos regalò su amabilidad y su paciencia.
Dije que su vida es irrecuperable, como es irrecuperable y ùnica cada vida. Nos dejò la nostalgia de una època perdida, pero su trayectoria nos ayuda a pensar, en medio de los gritos y la banalidad infinita, que la creaciòn de una diferencia no es solo posible sino que es indispensable.
sábado, 16 de junio de 2012
Lanata, Sarlo y el discurso Lilita
Todo en Lilita es un exceso, hasta su derrota. La conocimos en los lejanos días de la reforma constitucional del año 1994 en los que se destacó como referente alfonsinista, algo intelectual (sus admiradores suelen exagerar ese rasgo, pero nunca pudo demostrar ni en un artículo, ni en una exposición pública un nivel cultural que superara la media de la clase política Argentina) y cercana a lo que entonces se entendía como centroizquierda.
Un día apareció con un pesado crucifijo y aún así no pareció que hubiera cambiado demasiado. Ese nuevo exceso, ahora teológico, le daba una teatralidad que ya tenía rasgos de comedia. Sin embargo, el hecho que la llevó a su mejor interpretación fue el triunfo de Nestor Kirchner en las elecciones en las que Lilita se había presentado como candidata a presidenta por primera vez.
Fue una derrota pero fue también un renacer. Se despojó de los ropajes de centro izquierda que ya le resultaban incómodos y se puso los de centroderecha. Aprovechó el declinar de Ricardo Lopez Murphi y se puso en su lugar, lo que significaba absorber los mejores cuadros de esa corriente política y el derecho a ocupar los mejores espacios en los medios dominantes.
Sin embargo, cuando ocurrió lo que se llamó la crisis del campo no pudo liderar a ese sector: Cobos ocupó ese lugar. Pudo haber sido el comienzo de su declinar, pero en las elecciones del 2009 su partido la Coalición Cívica quedó en segundo lugar a unos pocos puntos del Frente para la Victoria.
Se puede decir que la reacción inesperada del Kirchnerismo la desubicó. Se esperaba un declinar de la presidenta parecido al de Alfonsín pero lo que sucedió fue una contraofensiva con una serie de medidas a las que no se supo cómo reaccionar. Si toda la vida se había dicho que había que hacer una nueva ley de medios, cómo oponerse. Si se había presentado un proyecto parecido a la Asignación Universal por Hijo cómo decir que se estaba en contra.
Ahí apareció ese personaje mediático increíble, vilipendiado hasta el exceso por 678 y usado hasta el hartazgo por TN. Se convirtió en la contracara farsesca de Cristina imitando mal alguno de sus mejores y de sus peores rasgos. Si Cristina anunciaba el cielo, ella ofrecía el apocalipsis; si el pueblo salía a la calle a festejar ella veía actores pagos por el estado. No se dió descanso ni en el duelo de su rival y nos agotó y se consumió a si misma hasta casi desaparecer en las elecciones del 2011.
Y entonces volvió Jorge Lanata. Le pusieron rapidamente el vestuario lo maquillaron un poco y lo empujaron para que saliera a escena. Beatriz Sarlo también interviene en la obra. Recita un manual de buenos modales que ella llama republicanismo. Aparece también un grupo de extras con cacerolas a modo de coro griego.
Todo eso para reemplazar a Lilita. Dicen su discurso pero no es lo mismo. Ella inundaba con su carisma. Hacía pausas, miraba a cámara, lloraba, engordaba, adelgazaba y volvía a engordar, todo por su público. Dirán que su discurso es el discurso de Clarín o incluso pueden decir que es el de la clase social que se niega a perder sus privilegios, pero suyo o ajeno ella decía las palabras y se apropiaba de ellas como las grandes estrellas del espectáculo argentino-
Un día apareció con un pesado crucifijo y aún así no pareció que hubiera cambiado demasiado. Ese nuevo exceso, ahora teológico, le daba una teatralidad que ya tenía rasgos de comedia. Sin embargo, el hecho que la llevó a su mejor interpretación fue el triunfo de Nestor Kirchner en las elecciones en las que Lilita se había presentado como candidata a presidenta por primera vez.
Fue una derrota pero fue también un renacer. Se despojó de los ropajes de centro izquierda que ya le resultaban incómodos y se puso los de centroderecha. Aprovechó el declinar de Ricardo Lopez Murphi y se puso en su lugar, lo que significaba absorber los mejores cuadros de esa corriente política y el derecho a ocupar los mejores espacios en los medios dominantes.
Sin embargo, cuando ocurrió lo que se llamó la crisis del campo no pudo liderar a ese sector: Cobos ocupó ese lugar. Pudo haber sido el comienzo de su declinar, pero en las elecciones del 2009 su partido la Coalición Cívica quedó en segundo lugar a unos pocos puntos del Frente para la Victoria.
Se puede decir que la reacción inesperada del Kirchnerismo la desubicó. Se esperaba un declinar de la presidenta parecido al de Alfonsín pero lo que sucedió fue una contraofensiva con una serie de medidas a las que no se supo cómo reaccionar. Si toda la vida se había dicho que había que hacer una nueva ley de medios, cómo oponerse. Si se había presentado un proyecto parecido a la Asignación Universal por Hijo cómo decir que se estaba en contra.
Ahí apareció ese personaje mediático increíble, vilipendiado hasta el exceso por 678 y usado hasta el hartazgo por TN. Se convirtió en la contracara farsesca de Cristina imitando mal alguno de sus mejores y de sus peores rasgos. Si Cristina anunciaba el cielo, ella ofrecía el apocalipsis; si el pueblo salía a la calle a festejar ella veía actores pagos por el estado. No se dió descanso ni en el duelo de su rival y nos agotó y se consumió a si misma hasta casi desaparecer en las elecciones del 2011.
Y entonces volvió Jorge Lanata. Le pusieron rapidamente el vestuario lo maquillaron un poco y lo empujaron para que saliera a escena. Beatriz Sarlo también interviene en la obra. Recita un manual de buenos modales que ella llama republicanismo. Aparece también un grupo de extras con cacerolas a modo de coro griego.
Todo eso para reemplazar a Lilita. Dicen su discurso pero no es lo mismo. Ella inundaba con su carisma. Hacía pausas, miraba a cámara, lloraba, engordaba, adelgazaba y volvía a engordar, todo por su público. Dirán que su discurso es el discurso de Clarín o incluso pueden decir que es el de la clase social que se niega a perder sus privilegios, pero suyo o ajeno ella decía las palabras y se apropiaba de ellas como las grandes estrellas del espectáculo argentino-
domingo, 3 de junio de 2012
La historia como repetición
Hay una tendencia en el pensamiento a creer que la historia se repite. Aunque la repetición pueda parecer asfixiante, tiene el atractivo de lo mecánico: si esto ocurre, sucederá luego aquello y todo seguirá más o menos igual.
Horacio Gonzalez, en su último libro "La Lengua del Ultraje",cita a Sarmiento: "la Mazorca, con los mismos caracteres, compuesta de los mismos nombres. Ha existido en la edad media en Francia en los tiempos de la guerra entre los partidos de los Armagnar y del duque de Borgoña". Luego dice el propio Horacio: Sarmiento resuelve todo con un ejercicio de sustituciones...Esta sustitución opera por reemplazo de cada punto por otro que mantiene su correspondencia por encima de las distancias de época...De esta forma se hacía fácil poner en juego el recurrente motivo de la "repetición de la historia".
Este mecanismo de la repetición también lo ve Horacio Gonzalez en el Dieciocho Brumario de Karl Marx: "Marx describe la repetición histórica con grandes argucias metafóricas, como producto de un pasado que se transforma en fuerza onírica colectiva, a la manera de una recurrente pesadilla que lleva a la pavorosa ilusión de que es posible relatar los hechos nuevos con los recursos que una epopeya anterior ya ha preparado. Y luego: "El tiempo circular, sin embargo, no atraía a Marx, y si como tragedia le era levemente aceptable, el mundo moderno ya tenía que decidir que la mentalidad colectiva atrapada por la cita del pasado solo podía considerarse una farsa."A este concepto queríamos llegar: la repetición se hace imposible, porque al repetirse un ciclo, ya sin algunos de sus elementos que lo acompañaban, se convierte en una farsa.
Cómo se puede considerarse entonces a la reaparición de estos señores Biolcatti y Bussi y su coro de cacerolas indignadas sino como una farsa. Hay sí un ciclo que se repite: el triunfo de Cristina, esta vez no con el 47 % de los votos sino con 7 puntos más; aumento de los impuestos, desde una cifra irrisoria a una más cercana al equilibrio; 8000 millones de dólares que ese sector no liquida, solo para demostrar que son ellos los que mandan; y una reacción del sector político esta vez algo más racional permitiendo la sanción de la ley que permite el aumento de los impuestos. Es decir: igual, pero no tanto.
También se suma a estos ciclos farsescos lo que podemos llamar el teleteatro del dolar, no disociado, como ya dijimos con la manera que el poder económico le hace sentir su fuerza al poder político cuando este intenta salirse de la linea de sus intereses, pero relacionado también con una cultura del miedo a perderlo todo de un sector importante de nuestra sociedad. No hubo una respuesta adecuada, a mi entender, para desactivar ese miedo entendible de un grupo social que todavía tiene memoria de pasadas catástrofes que truncaron más de una vida. Y es una falta que pronto se deberá cubrir sobretodo tratándose de un gobierno que ha entendido que toda batalla política es también una batalla simbólica.
Horacio Gonzalez, en su último libro "La Lengua del Ultraje",cita a Sarmiento: "la Mazorca, con los mismos caracteres, compuesta de los mismos nombres. Ha existido en la edad media en Francia en los tiempos de la guerra entre los partidos de los Armagnar y del duque de Borgoña". Luego dice el propio Horacio: Sarmiento resuelve todo con un ejercicio de sustituciones...Esta sustitución opera por reemplazo de cada punto por otro que mantiene su correspondencia por encima de las distancias de época...De esta forma se hacía fácil poner en juego el recurrente motivo de la "repetición de la historia".
Este mecanismo de la repetición también lo ve Horacio Gonzalez en el Dieciocho Brumario de Karl Marx: "Marx describe la repetición histórica con grandes argucias metafóricas, como producto de un pasado que se transforma en fuerza onírica colectiva, a la manera de una recurrente pesadilla que lleva a la pavorosa ilusión de que es posible relatar los hechos nuevos con los recursos que una epopeya anterior ya ha preparado. Y luego: "El tiempo circular, sin embargo, no atraía a Marx, y si como tragedia le era levemente aceptable, el mundo moderno ya tenía que decidir que la mentalidad colectiva atrapada por la cita del pasado solo podía considerarse una farsa."A este concepto queríamos llegar: la repetición se hace imposible, porque al repetirse un ciclo, ya sin algunos de sus elementos que lo acompañaban, se convierte en una farsa.
Cómo se puede considerarse entonces a la reaparición de estos señores Biolcatti y Bussi y su coro de cacerolas indignadas sino como una farsa. Hay sí un ciclo que se repite: el triunfo de Cristina, esta vez no con el 47 % de los votos sino con 7 puntos más; aumento de los impuestos, desde una cifra irrisoria a una más cercana al equilibrio; 8000 millones de dólares que ese sector no liquida, solo para demostrar que son ellos los que mandan; y una reacción del sector político esta vez algo más racional permitiendo la sanción de la ley que permite el aumento de los impuestos. Es decir: igual, pero no tanto.
También se suma a estos ciclos farsescos lo que podemos llamar el teleteatro del dolar, no disociado, como ya dijimos con la manera que el poder económico le hace sentir su fuerza al poder político cuando este intenta salirse de la linea de sus intereses, pero relacionado también con una cultura del miedo a perderlo todo de un sector importante de nuestra sociedad. No hubo una respuesta adecuada, a mi entender, para desactivar ese miedo entendible de un grupo social que todavía tiene memoria de pasadas catástrofes que truncaron más de una vida. Y es una falta que pronto se deberá cubrir sobretodo tratándose de un gobierno que ha entendido que toda batalla política es también una batalla simbólica.
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