¿Existe la realidad o lo que vivimos es una serie de representaciones de lo real? El poder es lo real, bobo, me diría alguien con razón. Pero cuál es el rostro del poder. Qué ser de carne y hueso recibe el mensaje y el libreto que hay que representar. Será el primer ministro inglés David Cameron. Creo que no. Más bien parece un ser abrumado que no sabe muy bien donde está. Europa es el Titanic, un barco lujoso que sin embargo no puede mantenerse a flote. Ese desafortunado señor, David Cameron, un pésimo actor, denunció a la Argentina como potencia imperialista. Si esa es la representación de la realidad que el poder quiere imponer me parece bastante berreta. Andan flojos de guionistas los muchachos. Desde la periferia, sus seguidores, acaso nostálgicos de una antiguedad ideológica casi olvidada le hacen el aguante. No parece suficiente.
(Mientras escribía el artículo sobre Malvinas sucedió la tragedia de once)
Este artículo debe quedar inacabado. Así como la muerte interrumpe la vida, lo real vuelve a ser una pila de cadáveres, así como lo fue en Malvinas, y podemos pensar que aquellos muertos y estos se unen. Son nuestros muertos, trabajadores esforzados, vidas humildes, gente con alguna esperanza que ahora se truncó.
Ya los miserables están haciendo su trabajo. Hacen cuentas políticas y abren sus bolsillo con la esperanza de que alguna moneda les quede. La muerte debe ser banalizada, debe ser convertida en un espectáculo: solo así podrá repetirse una y otra vez
miércoles, 22 de febrero de 2012
jueves, 2 de febrero de 2012
Homenaje al Flaco Spinetta
¿Hubo una cultura de la dictadura? La pregunta parece llevar en sí la respuesta pero no es así, ni siquiera estamos seguros de querer responderla. Podemos agregar otra aún más incómoda: ¿ qué queda de esa cultura en el presente?
Como respuesta podemos nombrar, con facilidad, nombres propios de conductores televisivos; de cantantes devenidos directores de cine o algo parecido; de señoras con modales refinados; de facultades privadas de donde salieron los cuadros del proceso; e incluso de un medio de comunicación que hoy es cuestionado por el estado. Pero no. La lista siempre va a ser incompleta y nos va a dejar insatisfechos o va a repetir algo ya dicho, probablemente mejor escrito y documentado, por algún escritor profesional. Prefiero contar una historia personal. Vino a mi memoria en estos días (¿vienen los hechos hasta una memoria inmóvil o son traídos por alguien y en ese caso por quién?) un recital que se realizó creo que en el año 1977 (el error, lo inexacto, la recreación y sobretodo el olvido son tintas que usa la memoria) en el club Hípico de Palermo. Fui a ese recital con mi hermana. Tocaban otros músicos (Lito Nebbia era uno de ellos) pero fuimos especialmente para ver a Spinetta. ¿Por qué? La dictadura estaba en plena tarea. El silencio parecía cubrirlo todo. Fuimos porque sentíamos que íbamos a encontrar la diferencia (leímos hace poco, en un libro de José Pablo Feinmann, que el ser es la diferencia. Que todo en su ser se refiere a otro con el cual se diferencia). Es decir, la palabra poética, viajando, traída para nosotros por la voz de ese músico que esa noche iba a tocar para nosotros.
Era nuestro secreto, no importaba si ese secreto era compartido por cientos de pelilargos. El vacío, lo no dicho, lo secreto, era la diferencia, todo lo demás era la estridencia enceguecedora de la dictadura.
Ese hombre, ese flaco de voz aguda, no nos defraudó: dijo la palabra poética, esa que "no se entiende", que no puede ser incluida en una publicidad o en un comunicado. Cantó esas palabras que están más familiarizada con los gemidos de alguien que ha perdido la razón (Starosta) o con los susurros que usan los amantes (quién se preocupa por el significado de esas palabras dichas al oido).
Hoy los diarios amarillos dicen que esta enfermo. No sé. Lo que supe definitivamente, luego de aquel recital, es donde está la diferencia. No en un cuerpo débil que resiste sino en la palabra poética que se dice, a veces heroicamente, como aquella, ya lejana, noche de 1977.
Como respuesta podemos nombrar, con facilidad, nombres propios de conductores televisivos; de cantantes devenidos directores de cine o algo parecido; de señoras con modales refinados; de facultades privadas de donde salieron los cuadros del proceso; e incluso de un medio de comunicación que hoy es cuestionado por el estado. Pero no. La lista siempre va a ser incompleta y nos va a dejar insatisfechos o va a repetir algo ya dicho, probablemente mejor escrito y documentado, por algún escritor profesional. Prefiero contar una historia personal. Vino a mi memoria en estos días (¿vienen los hechos hasta una memoria inmóvil o son traídos por alguien y en ese caso por quién?) un recital que se realizó creo que en el año 1977 (el error, lo inexacto, la recreación y sobretodo el olvido son tintas que usa la memoria) en el club Hípico de Palermo. Fui a ese recital con mi hermana. Tocaban otros músicos (Lito Nebbia era uno de ellos) pero fuimos especialmente para ver a Spinetta. ¿Por qué? La dictadura estaba en plena tarea. El silencio parecía cubrirlo todo. Fuimos porque sentíamos que íbamos a encontrar la diferencia (leímos hace poco, en un libro de José Pablo Feinmann, que el ser es la diferencia. Que todo en su ser se refiere a otro con el cual se diferencia). Es decir, la palabra poética, viajando, traída para nosotros por la voz de ese músico que esa noche iba a tocar para nosotros.
Era nuestro secreto, no importaba si ese secreto era compartido por cientos de pelilargos. El vacío, lo no dicho, lo secreto, era la diferencia, todo lo demás era la estridencia enceguecedora de la dictadura.
Ese hombre, ese flaco de voz aguda, no nos defraudó: dijo la palabra poética, esa que "no se entiende", que no puede ser incluida en una publicidad o en un comunicado. Cantó esas palabras que están más familiarizada con los gemidos de alguien que ha perdido la razón (Starosta) o con los susurros que usan los amantes (quién se preocupa por el significado de esas palabras dichas al oido).
Hoy los diarios amarillos dicen que esta enfermo. No sé. Lo que supe definitivamente, luego de aquel recital, es donde está la diferencia. No en un cuerpo débil que resiste sino en la palabra poética que se dice, a veces heroicamente, como aquella, ya lejana, noche de 1977.
jueves, 26 de enero de 2012
Una teoría de la rebelión
En estos tiempos arduos en los que Europa, como un Fernando séptimo cautivo no ya de Napoleón sino de los mercados financieros, ya no puede entregarnos sus exquisitos planes para vivir, recorre la periferia el fantasma de la rebelión.
No parece una revolución producida por un mecanismo inmanente de la historia, tampoco por el desarrollo de un proletariado industrial que hoy, hasta en los países centrales parece estar dando los últimos estertores. La rebelión parece estar dándose mediante la vieja fórmula del populismo.
Esa herramienta imperfecta está hecha con alambres del arado, con útiles escolares, con computadoras de oficina. Es decir, lo que llamaremos sujeto-pueblo son los campesinos, empleados, pequeños comerciantes e incluso algún empresario fundido. Peronismo gritaran horrorizados algunos, Kirchnerismo, se atreverán a ironizar otros. El Alberdi póstumo podría decir, caudillos, democracia imperfecta, la voluntad de la multitud popular, la elección del pueblo, democracia mal organizada y por ello mejor que la democracia inteligente para una minoría porteña europeizada.
Sujeto-pueblo y la herramienta oxidada del estado social, los restos que olvidaron los depredadores, los escorpiones de la historia.
Esta nota continuará, porque la historia continuará, como las antiguas series en blanco y negro que veíamos de chicos. Habrá que seguir narrando el laborioso caminar de ese sujeto-pueblo, contrahecho, feo, despreciado por los queridos amigos que agitarán frente a él, su vetusto izquierdómetro, o aquellos menos queridos que usarán el peronómetro que compraron en alguna tienda de la triple frontera.
Yo, aunque ellos seguramente no se enterarán, les dedico estas lineas.
No parece una revolución producida por un mecanismo inmanente de la historia, tampoco por el desarrollo de un proletariado industrial que hoy, hasta en los países centrales parece estar dando los últimos estertores. La rebelión parece estar dándose mediante la vieja fórmula del populismo.
Esa herramienta imperfecta está hecha con alambres del arado, con útiles escolares, con computadoras de oficina. Es decir, lo que llamaremos sujeto-pueblo son los campesinos, empleados, pequeños comerciantes e incluso algún empresario fundido. Peronismo gritaran horrorizados algunos, Kirchnerismo, se atreverán a ironizar otros. El Alberdi póstumo podría decir, caudillos, democracia imperfecta, la voluntad de la multitud popular, la elección del pueblo, democracia mal organizada y por ello mejor que la democracia inteligente para una minoría porteña europeizada.
Sujeto-pueblo y la herramienta oxidada del estado social, los restos que olvidaron los depredadores, los escorpiones de la historia.
Esta nota continuará, porque la historia continuará, como las antiguas series en blanco y negro que veíamos de chicos. Habrá que seguir narrando el laborioso caminar de ese sujeto-pueblo, contrahecho, feo, despreciado por los queridos amigos que agitarán frente a él, su vetusto izquierdómetro, o aquellos menos queridos que usarán el peronómetro que compraron en alguna tienda de la triple frontera.
Yo, aunque ellos seguramente no se enterarán, les dedico estas lineas.
viernes, 13 de enero de 2012
El balance de un año
Se sabe: el tiempo, hoy, es rapidez. Nos preguntamos, abrumados ante los hechos que se atropellan vertiginosamente, què es significativo, y entonces viene a nosotros la idea de antiguas militancias, aquellas que creìan que la lucha era lo que daba sentido a una vida. Por eso concluimos que el 2011 fue un año que transcurriò de un octubre a otro.
Aquel dìa de 2010 en el que se realizò el censo aparecìa como un dìa aburrido, en el que discurrirìamos, como en cualquier domingo, adormecidos en la espera de un representante del estado que nos interrogarìa sobre los datos mìnimos de nuestra identidad.
Yo despertè solo. Mi novia que trabaja de docente, estaba trabajando en el censo. Sonò el celular. Creo recordar que eran las nueve de la mañana. Vì en la pantalla el nombre de mi hermana y luego su voz urgente que me pedìa que fuera a la casa de nuestro padre. Decìa que estaba muy mal: habìa muerto Nestor Kirchner. Como suele suceder en esos dìas que luego llamamos històricos, no se me ocurriò ninguna reflexiòn trascendente, solo la dicotomìa de que si era conveniente tomar un taxi o un colectivo, si en verdad era urgente la necesidad de que fuera a la casa de mi padre, què hacer con el censista que llegarìa a mi casa y no me encontrarìa.
Simplemente salì. La calle estaba desierta. El azar habìa preparado el clima fùnebre. Pude conseguir un colectivo relativamente ràpido.
Mi padre lloraba. Pensè que habìa aparecido en su memoria de viejo peronista otros dìas aciagos, otras derrotas inesperadas traìdas de la mano de la muerte. Sin embargo lo que vino despuès de aquel dìa no fue una derrota, sino una especie de continuidad de aquella sorprendente movilizaciòn del bicentenario que habìa provocado la ruptura de la trabajosa costrucciòn mediàtica: una fiesta de cientos de miles, en un paìs supuestamente asfixiado por el delito. Esta vez, el motivo no fue festivo pero se viò el mismo vigor militante y ademàs protagonizado por gente joven, antiguos desencantados, nacidos en los años de la democracia. Inicio de un año y tambièn culminaciòn de un trabajo militante que habìa liderado aquel que era despedido por el pueblo: Nèstor Kirchner, donde se remontò una derrota ya decretada.
Ese acontecimiento de gente en la calle, y la posterior ofensiva de medidas populares fue definitiva para derrotar a la oposiciòn. Luego solo hubo que caminarar hasta la fecha de las elecciones presidenciales que determinaron la finalizaciòn de un año intenso.
Aquel dìa de 2010 en el que se realizò el censo aparecìa como un dìa aburrido, en el que discurrirìamos, como en cualquier domingo, adormecidos en la espera de un representante del estado que nos interrogarìa sobre los datos mìnimos de nuestra identidad.
Yo despertè solo. Mi novia que trabaja de docente, estaba trabajando en el censo. Sonò el celular. Creo recordar que eran las nueve de la mañana. Vì en la pantalla el nombre de mi hermana y luego su voz urgente que me pedìa que fuera a la casa de nuestro padre. Decìa que estaba muy mal: habìa muerto Nestor Kirchner. Como suele suceder en esos dìas que luego llamamos històricos, no se me ocurriò ninguna reflexiòn trascendente, solo la dicotomìa de que si era conveniente tomar un taxi o un colectivo, si en verdad era urgente la necesidad de que fuera a la casa de mi padre, què hacer con el censista que llegarìa a mi casa y no me encontrarìa.
Simplemente salì. La calle estaba desierta. El azar habìa preparado el clima fùnebre. Pude conseguir un colectivo relativamente ràpido.
Mi padre lloraba. Pensè que habìa aparecido en su memoria de viejo peronista otros dìas aciagos, otras derrotas inesperadas traìdas de la mano de la muerte. Sin embargo lo que vino despuès de aquel dìa no fue una derrota, sino una especie de continuidad de aquella sorprendente movilizaciòn del bicentenario que habìa provocado la ruptura de la trabajosa costrucciòn mediàtica: una fiesta de cientos de miles, en un paìs supuestamente asfixiado por el delito. Esta vez, el motivo no fue festivo pero se viò el mismo vigor militante y ademàs protagonizado por gente joven, antiguos desencantados, nacidos en los años de la democracia. Inicio de un año y tambièn culminaciòn de un trabajo militante que habìa liderado aquel que era despedido por el pueblo: Nèstor Kirchner, donde se remontò una derrota ya decretada.
Ese acontecimiento de gente en la calle, y la posterior ofensiva de medidas populares fue definitiva para derrotar a la oposiciòn. Luego solo hubo que caminarar hasta la fecha de las elecciones presidenciales que determinaron la finalizaciòn de un año intenso.
jueves, 22 de diciembre de 2011
El sentido como creaciòn de la lucha
En los anàlisis hechos en estos dìas sobre los sucesos de diciembre de 2001, se concluye, que significaron el final de aquello que se puede denominar como proyecto neoliberal, es decir, el proceso històrico que trascurriò en la dècada de los noventa en el que se desmontò lo que en el mundo se denominò como estado de bienestar y que en nuestro paìs se conociò como "Argentina Peronista". Incluso alguien dijo que en aquellos dìas de diciembre se terminò definitivamente la dictadura militar.
Los anàlisis que resumimos dotan a los hechos de diciembre de una èpica que a mi entender no tenìan, por lo menos en el momento en el que sucedieron. Nadie la tenìa tan clara, me parece,no habìa consignas claras màs allà de que se vayan todos que era un grito vacìo, desesperado, lleno de furia si se quiere y tambièn, me permito decir, de impotencia.Los hechos aparecen desnudos y es nuestra tarea ponerles el ropaje de nuestra historia. Aquellos hechos terminaron siendo èpicos luego de que sucedieron, como consecuencia de una larga y dificultosa militancia posterior que incluyò dudas, retrocesos y màs sangre derramada. Claro que aquella furia fue necesaria para que esa militancia, que todavìa hoy trabaja en las calles, se despertara.
¿La historia como cadena lògica de hechos, entonces, una continuidad necesario? No, la historia como lucha que debe sostener el sentido que se propone crear. Subrayo la palabra crear, es decir poner en la realidad algo que no estaba.
Los hechos de diciembre fueron una ruptura, una creaciòn de la lucha, que debe ser sostenida. Militemos, entonces, trabajemos, luchemos
Los anàlisis que resumimos dotan a los hechos de diciembre de una èpica que a mi entender no tenìan, por lo menos en el momento en el que sucedieron. Nadie la tenìa tan clara, me parece,no habìa consignas claras màs allà de que se vayan todos que era un grito vacìo, desesperado, lleno de furia si se quiere y tambièn, me permito decir, de impotencia.Los hechos aparecen desnudos y es nuestra tarea ponerles el ropaje de nuestra historia. Aquellos hechos terminaron siendo èpicos luego de que sucedieron, como consecuencia de una larga y dificultosa militancia posterior que incluyò dudas, retrocesos y màs sangre derramada. Claro que aquella furia fue necesaria para que esa militancia, que todavìa hoy trabaja en las calles, se despertara.
¿La historia como cadena lògica de hechos, entonces, una continuidad necesario? No, la historia como lucha que debe sostener el sentido que se propone crear. Subrayo la palabra crear, es decir poner en la realidad algo que no estaba.
Los hechos de diciembre fueron una ruptura, una creaciòn de la lucha, que debe ser sostenida. Militemos, entonces, trabajemos, luchemos
lunes, 19 de diciembre de 2011
Memorias de diciembre de 2001
Hay una escena de aquellos días, que se resiste a disolverse en mi memoria: vuelvo a casa el día veinte, voy hacia la avenida Córdoba, los colectivos no paran, sin embargo consigo que un colectivo 5 se detenga en el medio de la calle y me permita subir. El chofer toma otro recorrido, creo que por Bartolomé Mitre. Cuando el colectivo cruza las bocacalles se ven gomas quemadas y grupos de jóvenes con el torso desnudo. Alguno de ellos nos tiran piedras sin demasiado entusiasmo y, creo yo, sin demasiado propósito. Una chica me pide que cierre la ventanilla. De qué nos protege la ventanilla, pienso. Qué nos queda en esa tragedia para proteger. Nuestras vidas, pienso rápidamente, pero luego descarto ese pensamiento, tal vez estemos guiados por un azar tan arbitrario que hoy nos pone en este derrumbe y mañana nos devuelve a aquella normalidad burguesa tan ansiada por los que viajamos en el colectivo.
¿Estamos en una situación prerevolucionaria? Meses después leo en un libro de reportajes el testimonio de un dirigente social que había estado en la calle en esos días. Decía que había estado a metros de la casa rosada. Quería decir que había estado cerca de tomar el poder. Ya entonces me parecía un comentario ingenuo. Nada parecía más alejado de cualquier poder que esa casa rosada del 2001. Parecía más bien un lugar abandonado, descartado para ser más precisos-
Al otro día se trabajó y al otro día también. Hubo manifestaciones de gente, deudores de los bancos, con las llaves de su casa en la mano. Otros, que habían perdido sus ahorros en esos mismos bancos, hacían percusión con las instalaciones. Nada parecía demasiado claro, pero se sabía a quién se debía putear, y eso es importante, tal vez lo más importante.
Leo que el Times puso como personaje del año, en su tapa, a un manifestante. Tal vez Armani este diseñando ropa de manifestante y Denzel Washintong esté rodando una película donde se atrinchera en un banco para reclamar por los ahorros de su familia. Ya hubo algunos que se manifestaron en Wall Street.
Aquí, está en el diario de hoy, el conflicto es entre Moyano y la Presidenta. Las calles están llenas de gente que compra y el colectivo 5 para en el lugar que corresponde.
¿Estamos en una situación prerevolucionaria? Meses después leo en un libro de reportajes el testimonio de un dirigente social que había estado en la calle en esos días. Decía que había estado a metros de la casa rosada. Quería decir que había estado cerca de tomar el poder. Ya entonces me parecía un comentario ingenuo. Nada parecía más alejado de cualquier poder que esa casa rosada del 2001. Parecía más bien un lugar abandonado, descartado para ser más precisos-
Al otro día se trabajó y al otro día también. Hubo manifestaciones de gente, deudores de los bancos, con las llaves de su casa en la mano. Otros, que habían perdido sus ahorros en esos mismos bancos, hacían percusión con las instalaciones. Nada parecía demasiado claro, pero se sabía a quién se debía putear, y eso es importante, tal vez lo más importante.
Leo que el Times puso como personaje del año, en su tapa, a un manifestante. Tal vez Armani este diseñando ropa de manifestante y Denzel Washintong esté rodando una película donde se atrinchera en un banco para reclamar por los ahorros de su familia. Ya hubo algunos que se manifestaron en Wall Street.
Aquí, está en el diario de hoy, el conflicto es entre Moyano y la Presidenta. Las calles están llenas de gente que compra y el colectivo 5 para en el lugar que corresponde.
sábado, 17 de diciembre de 2011
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