Hay una frase que se le atribuye a Dostoievski: "Si Dios no existe todo está permitido". Roberto Arlt, uno de sus discípulos, desarrolla muy bien esa temática en Los Siete Locos. Erdosain siente angustia ante la ausencia de Dios y el fracaso de la redención social.
Claro, eran los años treinta, hasta el capitalismo parecía caerse. El angel de la historia mira hacia atrás y solo ve ruinas, decía Walter Benjamin por esos días. Hoy la cosa no parece estar mucho mejor. El discurso mediático con su ruido, su furia, y su velocidad crea una ilusión de sentido. Un sentido, a mi juicio, plagado de violencia, a veces estetisada, como en la película de la que vamos a hablar, y a veces cruda como en el caso de ciertos programas de televisión, pero que logra naturalizarse y convertirse en una salida a disposición de la ciudadanía.
Ya se ve en los noticieros. Una realidad plagada de crímenes y sobretodo sin una resolución que la moral dominante pueda considerar justa. Nadie hace nada. Entran por una puerta y salen por la otra. Frases estereotipadas que resisten incluso su caída en la comedia genial de Capussoto.
Una película argentina parece haber puesto fin a toda posible discusión sobre el tema. La legitiman sus tres millones de espectadores.
La salida, ese hacer, ese sentido que esperaban los abnegados ciudadanos que pagan impuestos y no reciben planes, es, sin más, la violencia. La mano dura que ni siquiera ejerce la policía sino el ciudadano sin ninguna mediación.
El relato de Szifrón, estoy hablando de Relatos Salvajes, ofrece las más variadas formas de justicia violenta: muerte a cuchilladas, explosiones, caídas de aviones, tirar a la amante del novio sobre un espejo y desfigurarla, defecar al enemigo, orinarlo, etc. Todo está por demás exhibido y expuesto. No se ahorra ningún primer plano a los más desagradables aspectos de esta ardorosa labor. Vemos al personaje de Sbaraglia morir ahorcado con su propio cinturón de seguridad; vemos los excrementos y el orín de un, por supuesto, negro de mierda, que también termina carbonizado.
Una pequeña crítica. Hubiera faltado una violación. O al menos una escena de sadomasoquismo cool al estilo 50 sombras.
Relatos Salvajes es la película más vista de la historia del cine nacional. Desplazó a Juan Moreira película que se había estrenado durante los años setenta. Un gaucho de la resistencia derrotado por un ingeniero de explosiones encarnado por el admirado Ricardo Darín.
Es lo que hay
martes, 24 de febrero de 2015
viernes, 13 de febrero de 2015
Qué decimos cuando decimos Clarín
Supongo que ya, a esta altura del partido, como solía decirse, Clarín ya no es más Clarín.
No sé si lo sabía el gobierno en 2008 cuando lo eligió como antagonista. El caso es que lo eligió y que fue sin duda un acierto, porque toda narración se compone, por lo menos en el modo clásico, de por lo menos dos elementos: el héroe y el antagonista.
Podría haber elegido a otro, no le faltaban candidatos. Estaba el campo si es que quería democratizar la estructura impositiva del país; o los bancos, si se preparaba para rescatar los fondos jubilatorios del negocio financiero.
El caso es que fue Clarín. Si prestamos atención al antiguo relato liberal o republicano, si es que nos atenemos a la terminología que usa la representativa diputada Carrió, Clarín representaría al periodismo como contrapoder, apartado de las disputas políticas, valiéndose para la lucha, como única arma, del poder de sus ideas, es decir, un débil David que lucha contra el gigantesco Leviatán.
Pero el caso fue que una vez que la pelea comenzó, y que cada uno dispuso sus potencialidades, las cosas se presentaron de una manera distinta a lo que se podía pensar. El poder judicial dijo cautelarmente: soy Clarín. Las empresas sojeras desde su pequeñez dijeron soy Clarín. Los bancos sentados sobre sus depósitos dijeron soy Clarín. El pequeño diario parecía no ser tan pequeño, parecía más bien una inmanencia oculta del poder, algo así como la columna vertebral del movimiento.
¿Eligió entonces el gobierno, bajo su arbitrariedad, al grupo Clarín como antagonista ideal o el grupo social dominante eligió el significante Clarín para nombrarse a sí mismo? Tampoco se trataba de una elección arbitraria, Clarín era un producto de su historicidad, así como Mitre o Sarmiento lo fueron en su tiempo, un recipiente ideológico pacientemente construido, finalmente, un sujeto que terminó siendo idéntico a su constructor. Clarín y el poder dominante usan las mismas palabras, las mismas imágenes, el mismo dinero. En suma, son las mismo cosa.
Y si empujamos las palabras hacia la pura actualidad veremos la tapa del pequeño diario anticipando la imputación a la presidencia a la mañana y luego al poder judicial refrendando la noticia a la tarde.
Me daría un poco de miedo, si es que eso sirviera para algo
No sé si lo sabía el gobierno en 2008 cuando lo eligió como antagonista. El caso es que lo eligió y que fue sin duda un acierto, porque toda narración se compone, por lo menos en el modo clásico, de por lo menos dos elementos: el héroe y el antagonista.
Podría haber elegido a otro, no le faltaban candidatos. Estaba el campo si es que quería democratizar la estructura impositiva del país; o los bancos, si se preparaba para rescatar los fondos jubilatorios del negocio financiero.
El caso es que fue Clarín. Si prestamos atención al antiguo relato liberal o republicano, si es que nos atenemos a la terminología que usa la representativa diputada Carrió, Clarín representaría al periodismo como contrapoder, apartado de las disputas políticas, valiéndose para la lucha, como única arma, del poder de sus ideas, es decir, un débil David que lucha contra el gigantesco Leviatán.
Pero el caso fue que una vez que la pelea comenzó, y que cada uno dispuso sus potencialidades, las cosas se presentaron de una manera distinta a lo que se podía pensar. El poder judicial dijo cautelarmente: soy Clarín. Las empresas sojeras desde su pequeñez dijeron soy Clarín. Los bancos sentados sobre sus depósitos dijeron soy Clarín. El pequeño diario parecía no ser tan pequeño, parecía más bien una inmanencia oculta del poder, algo así como la columna vertebral del movimiento.
¿Eligió entonces el gobierno, bajo su arbitrariedad, al grupo Clarín como antagonista ideal o el grupo social dominante eligió el significante Clarín para nombrarse a sí mismo? Tampoco se trataba de una elección arbitraria, Clarín era un producto de su historicidad, así como Mitre o Sarmiento lo fueron en su tiempo, un recipiente ideológico pacientemente construido, finalmente, un sujeto que terminó siendo idéntico a su constructor. Clarín y el poder dominante usan las mismas palabras, las mismas imágenes, el mismo dinero. En suma, son las mismo cosa.
Y si empujamos las palabras hacia la pura actualidad veremos la tapa del pequeño diario anticipando la imputación a la presidencia a la mañana y luego al poder judicial refrendando la noticia a la tarde.
Me daría un poco de miedo, si es que eso sirviera para algo
martes, 3 de febrero de 2015
El caso Nisman
Qué es una operación política. Por lo pronto no es la verdad, pero tampoco es una mentira, se trata más bien de una ficción. Es un acto cuya finalidad es disfrazada y es necesario que lo sea para potenciar su efectividad.
La operación política, en el mejor de los casos, busca volcar a la política al terreno de las interpretaciones mediáticas donde los profesionales de la información encuentran un protagonismo desmedido y la clase política se reduce a un papel secundario y sin dudas deslucido.
Si esa operación es exitosa la iniciativa política quedará en mano de quien la armó, diríamos que esa es la finalidad desde un principio. Tener la iniciativa es como en ajedrez jugar con las blancas, es decir, obligar al adversario a que se limite a actuar dentro de mi estrategia.
Si gano es porque el adversario no logró romper la telaraña ficcional.
¿Es el caso Nisman una operación política? Hay que recordar que la trama de la historia no empieza ahora sino veinte años atrás con el atentado a la AMIA y luego con los diez años que el fiscal tuvo a su cargo la investigación que desembocó en una denuncia que aún luego de su muerte ningún juez se dispone a aceptar. Luego tenemos la muerte del fiscal. ¿Fue un asesinato o fue un suicidio? Creo que en ese punto es cuando hay que abandonar cualquier intención de responder. No hay manera de hacerlo sin enlodarse en el conventillo berreta que la operación ha preparado para nosotros y para cualquiera que intervenga, incluso la presidenta de la nación que se precipitó en escribir dos notas en facebook, notas que la debilitaban y la entregaban al lenguaje mediático. Luego, para alivio de todos nosotros, tomó el centro del ring y desactivó de un plumazo (un golpe de Knock out sin duda) esa usina de operaciones políticas que era la SIDE.
Hoy está en China gobernando, haciendo política de estado, que es en definitiva todo lo contrario, que es la negación, de toda operación política
La operación política, en el mejor de los casos, busca volcar a la política al terreno de las interpretaciones mediáticas donde los profesionales de la información encuentran un protagonismo desmedido y la clase política se reduce a un papel secundario y sin dudas deslucido.
Si esa operación es exitosa la iniciativa política quedará en mano de quien la armó, diríamos que esa es la finalidad desde un principio. Tener la iniciativa es como en ajedrez jugar con las blancas, es decir, obligar al adversario a que se limite a actuar dentro de mi estrategia.
Si gano es porque el adversario no logró romper la telaraña ficcional.
¿Es el caso Nisman una operación política? Hay que recordar que la trama de la historia no empieza ahora sino veinte años atrás con el atentado a la AMIA y luego con los diez años que el fiscal tuvo a su cargo la investigación que desembocó en una denuncia que aún luego de su muerte ningún juez se dispone a aceptar. Luego tenemos la muerte del fiscal. ¿Fue un asesinato o fue un suicidio? Creo que en ese punto es cuando hay que abandonar cualquier intención de responder. No hay manera de hacerlo sin enlodarse en el conventillo berreta que la operación ha preparado para nosotros y para cualquiera que intervenga, incluso la presidenta de la nación que se precipitó en escribir dos notas en facebook, notas que la debilitaban y la entregaban al lenguaje mediático. Luego, para alivio de todos nosotros, tomó el centro del ring y desactivó de un plumazo (un golpe de Knock out sin duda) esa usina de operaciones políticas que era la SIDE.
Hoy está en China gobernando, haciendo política de estado, que es en definitiva todo lo contrario, que es la negación, de toda operación política
jueves, 15 de enero de 2015
Ellos son Charlie
La muerte, se sabe, es una derrota. Y una injusticia. El ser, nuestro ser, es para la muerte. Jugamos un partido que sabemos que no vamos a poder ganar. Dios sabe el resultado desde un principio, diría con algo de ironía Borges. Faltando un minuto nos cobrarán un penal injusto. Gol del contrario y final del partido.
La muerte violenta es más complicada. Un mortal le da muerte a otro mortal. Se apodera de la vida del otro al matarlo. Es, sin duda, a pesar de que se ha repetido innumerables veces en la historia de la humanidad, un acto atroz. La repetición, por suerte, no lo naturaliza, mal que le pese a los medios de comunicación que lo toman como elemento preferido para difundir sus valores. El asesinato también es un acto de soberbia. No es Dios el que cobra el penal, es un ser para la muerte el que lo hace y con eso aspira a reemplazar al buen Dios y convertirse en inmortal. En realidad le va a ser imposible usurpar el lugar de la divinidad. Morirá de todos modos. Y morirá condenado como un todos los criminales. La energía de la víctima no se transfiere hacia el asesino, se perderá en el tiempo.
La violencia política lleva al extremo todas las características de la violencia individual. El ser mortal da muerte, destruye a otro, pero en este caso espera, casi tiene la convicción, de no ser condenado, sino más bien espera ser premiado por haber actuado en nombre de un bien. Destruye al prójimo y además lo convierte en un objeto, una mera letra con la que escribirá un mensaje a la posteridad.
El ataque a la revista Francesa fue un hecho atroz. La secuencia que prolijamente fue transmitida universalmente conmueve. Tenemos además la foto que detiene esa secuencia en el momento en el que el policía pide una clemencia que no recibirá.
Qué idea del bien puede justificar ese acto.
Esos seres mortales disfrazados de comandos y armados con armas sofisticadas no fueron detenidos. Fueron Dioses por un momento. Dispusieron de la vida de sus víctimas.
¿Quienes son? ¿Son realmente terroristas musulmanes? ¿Forman parte de algún mecanismo del imperio? ¿Fueron instrumentados? Lo sabido es que el imperio los denunció como terroristas musulmanes y el mundo les creyó. Esa es la peor derrota de la cultura Musulmana. Fueron rápidamente reducidos al estereotipo Occidental. Fueron desde ese momento fueran o no culpables fanáticos y terroristas. Quedaron totalizados en esa definición, no fue posible, no le fue posible a la cultura musulmana, contraponer otra definición de si misma. Son lo que dice el enemigo que son.
Hay un dibujo que fue publicado en el semanario francés: un musulmán trata de protejerse de las balas con el Corán. El texto dice: el Corán no para las balas. No se si hay comicidad en ese dibujo pero dado lo que sucedió y lo que seguramente va a suceder esa obra se convirtió en profética.
Los franceses salieron a la calle encabezados por los jefes de la Otan y políticos aliados. Asesinos, mortales que han tomado y toman la vida de mortales de la periferia por una idea del bien a la que llaman Occidente.
El Europeo se ha hecho ha si mismo creando esclavos y monstruos dijo el gran Sartre
La muerte violenta es más complicada. Un mortal le da muerte a otro mortal. Se apodera de la vida del otro al matarlo. Es, sin duda, a pesar de que se ha repetido innumerables veces en la historia de la humanidad, un acto atroz. La repetición, por suerte, no lo naturaliza, mal que le pese a los medios de comunicación que lo toman como elemento preferido para difundir sus valores. El asesinato también es un acto de soberbia. No es Dios el que cobra el penal, es un ser para la muerte el que lo hace y con eso aspira a reemplazar al buen Dios y convertirse en inmortal. En realidad le va a ser imposible usurpar el lugar de la divinidad. Morirá de todos modos. Y morirá condenado como un todos los criminales. La energía de la víctima no se transfiere hacia el asesino, se perderá en el tiempo.
La violencia política lleva al extremo todas las características de la violencia individual. El ser mortal da muerte, destruye a otro, pero en este caso espera, casi tiene la convicción, de no ser condenado, sino más bien espera ser premiado por haber actuado en nombre de un bien. Destruye al prójimo y además lo convierte en un objeto, una mera letra con la que escribirá un mensaje a la posteridad.
El ataque a la revista Francesa fue un hecho atroz. La secuencia que prolijamente fue transmitida universalmente conmueve. Tenemos además la foto que detiene esa secuencia en el momento en el que el policía pide una clemencia que no recibirá.
Qué idea del bien puede justificar ese acto.
Esos seres mortales disfrazados de comandos y armados con armas sofisticadas no fueron detenidos. Fueron Dioses por un momento. Dispusieron de la vida de sus víctimas.
¿Quienes son? ¿Son realmente terroristas musulmanes? ¿Forman parte de algún mecanismo del imperio? ¿Fueron instrumentados? Lo sabido es que el imperio los denunció como terroristas musulmanes y el mundo les creyó. Esa es la peor derrota de la cultura Musulmana. Fueron rápidamente reducidos al estereotipo Occidental. Fueron desde ese momento fueran o no culpables fanáticos y terroristas. Quedaron totalizados en esa definición, no fue posible, no le fue posible a la cultura musulmana, contraponer otra definición de si misma. Son lo que dice el enemigo que son.
Hay un dibujo que fue publicado en el semanario francés: un musulmán trata de protejerse de las balas con el Corán. El texto dice: el Corán no para las balas. No se si hay comicidad en ese dibujo pero dado lo que sucedió y lo que seguramente va a suceder esa obra se convirtió en profética.
Los franceses salieron a la calle encabezados por los jefes de la Otan y políticos aliados. Asesinos, mortales que han tomado y toman la vida de mortales de la periferia por una idea del bien a la que llaman Occidente.
El Europeo se ha hecho ha si mismo creando esclavos y monstruos dijo el gran Sartre
lunes, 15 de diciembre de 2014
La querida Estela de Carlotto en la tapa de la revista Gente
Hay cada vez menos dudas sobre la conducta del grupo político al que se denomina como oposición. La declaración de Macri afirmando que con él se acaba el curro de los derechos humanos y la de Mazza diciendo casi lo mismo y agregando, en un intento de redoblar la apuesta, que va a privilegiar los derechos humanos de las víctimas del delito dice mucho acerca de la identidad de ambos candidatos.
De todas maneras esos políticos, nombramos a Macri y a Mazza por ser los más notorios en este momento, no son más que mano de obra barata en la tarea de debilitar al estado y al gobierno y aunque a partir de la llamada crisis del campo, un intento de golpe de mercado novedoso en la Argentina, los grupos mediáticos ingresaron en una visibilidad parecida a la que sufren esos políticos, y tuvieron que asumirse como sus cómplices y compañeros de tareas, no creo que alcancen a merecer esa denominación de opositores al poder son más bien sus guardianes y difusores.
El poder no está en el estado, si se quiere encontrarlo en algún lugar deberá buscárselo en el sistema financiero internacional que reproduce el dinero a partir del dinero prescindiendo de los estados nación y de sus políticos y de sus trabajadores y sus fábricas, monumentos de un capitalismo de la modernidad ya obsoleto.
Hay un tercer grupo en esa maquinaria burguesa que no siempre se lo nombra y que es la farándula mediática. En estos días este grupo se reunió para sacarse la foto de fin de año que como es tradición se publica en la tapa de la revista Gente.
Los vi ojeando una revista en un bar y sentí el mismo asco que siento cada vez que los veo con sus máscaras de plástico deslizándose por el mundo como si fueran sus dueños.
La sorpresa dolorosa fue ver entre esta gente a la querida Estela de Carlotto y a su ansiado nieto recuperado mezclados en esa representación de la impunidad cultural.
Se sabe, el poder globalizado, la burguesía de este país, fue la que produjo la apropiación de bebés como parte de su plan asesino. La revista Gente contribuyó activamente en ese plan criminal.
Hoy, treinta años después, mientras por fin sus ejecutores materiales están en prisión, esta revista colaboracionista se vende libremente en los kioskos de todos el país.
Querida Estela, fue un gran error de su parte, es como si en Alemania el órgano del partido Nazi se publicara todavía y las víctimas de los campos de concentración fueran a brindar con ellos.
En estos días se recuperó el nieto 117. Me quedo con esa tarea heroica suya y nunca se lo voy a terminar de agradecer. Si podemos decir sin verguenza que somos Argentinos se lo debemos a las madres y las abuelas de Plaza de Mayo.
Se lo debemos a usted, querida Estela. Por eso necesitamos que se cuide, que no permita que esos hijos de puta le hagan daño.
La quiero mucho y perdóneme
De todas maneras esos políticos, nombramos a Macri y a Mazza por ser los más notorios en este momento, no son más que mano de obra barata en la tarea de debilitar al estado y al gobierno y aunque a partir de la llamada crisis del campo, un intento de golpe de mercado novedoso en la Argentina, los grupos mediáticos ingresaron en una visibilidad parecida a la que sufren esos políticos, y tuvieron que asumirse como sus cómplices y compañeros de tareas, no creo que alcancen a merecer esa denominación de opositores al poder son más bien sus guardianes y difusores.
El poder no está en el estado, si se quiere encontrarlo en algún lugar deberá buscárselo en el sistema financiero internacional que reproduce el dinero a partir del dinero prescindiendo de los estados nación y de sus políticos y de sus trabajadores y sus fábricas, monumentos de un capitalismo de la modernidad ya obsoleto.
Hay un tercer grupo en esa maquinaria burguesa que no siempre se lo nombra y que es la farándula mediática. En estos días este grupo se reunió para sacarse la foto de fin de año que como es tradición se publica en la tapa de la revista Gente.
Los vi ojeando una revista en un bar y sentí el mismo asco que siento cada vez que los veo con sus máscaras de plástico deslizándose por el mundo como si fueran sus dueños.
La sorpresa dolorosa fue ver entre esta gente a la querida Estela de Carlotto y a su ansiado nieto recuperado mezclados en esa representación de la impunidad cultural.
Se sabe, el poder globalizado, la burguesía de este país, fue la que produjo la apropiación de bebés como parte de su plan asesino. La revista Gente contribuyó activamente en ese plan criminal.
Hoy, treinta años después, mientras por fin sus ejecutores materiales están en prisión, esta revista colaboracionista se vende libremente en los kioskos de todos el país.
Querida Estela, fue un gran error de su parte, es como si en Alemania el órgano del partido Nazi se publicara todavía y las víctimas de los campos de concentración fueran a brindar con ellos.
En estos días se recuperó el nieto 117. Me quedo con esa tarea heroica suya y nunca se lo voy a terminar de agradecer. Si podemos decir sin verguenza que somos Argentinos se lo debemos a las madres y las abuelas de Plaza de Mayo.
Se lo debemos a usted, querida Estela. Por eso necesitamos que se cuide, que no permita que esos hijos de puta le hagan daño.
La quiero mucho y perdóneme
lunes, 8 de diciembre de 2014
Funes el memorioso y las selfies
¿Es posible saber con anterioridad cuáles van a ser los momentos memorables de nuestras vidas?
Un gran amor puede ser memorable; un asado con amigos en el que uno se va a reír como nunca lo hará después también lo puede ser, o yendo a algo menos universal: el momento que uno lee o escribe el libro que andaba buscando desde siempre puede ser lo memorable o decisivo. Esta es mi lista pero puede haber otras, todas son válidas justamente porque los ejemplos de lo que puede ser memorable están atados a la subjetividad del que entrega la lista o al trabajo que irá haciendo el paso del tiempo.
Sucede que la vida no es el cine de Hollywood y en los momentos privilegiados no suena una música de fondo, ni el director marca a los protagonistas con sendos primeros planos. Vivimos una vida pequeña, algo burda, sin nada que se parezca a la épica, y es muy posible que lo memorable haya pasado por nuestra vereda y no nos hayamos dado cuenta y nos hayamos ido a dormir o nos hayamos ido a otro lado apurados por ver tal o cual programa de televisión o ha comprar cigarrillos antes de que cerraran los kioskos.
Recordaremos pero también será necesario, para narrar lo memorable olvidar los detalles de lo que ya dijimos es banal en nuestra vida. Podemos intentar una lista de las cosas tediosas de nuestra rutina: cuando nos afeitamos, cuando tomamos el colectivo cada mañana, cuando compramos alfajores. El olvido entonces vendrá en nuestra ayuda y nos ayudará a encontrar las pepitas de oro en el barro.
Funes, en el cuento fantástico de Borges, es un muchacho humilde de campo, que habrá de tener un accidente, lo volteará un redomón en la estancia de San Francisco, según nos dice el narrador, y quedará tullido, sin esperanza. Ese accidente también le regalará una memoria prodigiosa. Más recuerdos tengo yo solo, dice luego Funes, que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Pero también nos dice que su memoria es como un vaciadero de basura. Hacia el final del cuento, luego de enumerar las tareas inútiles que Funes emprende con su prodigiosa memoria, Borges dice que sospecha que no era muy capaz de pensar. Pensar, nos dice Borges, es olvidar diferencias, es generalizar, es abstraer. En el abarrotado mundo de Funes, concluye, no había sino detalles, casi inmediatos.
En la era informática, sin embargo, amamos los detalles, la información más insignificante es guardada en memorias que podemos comprar sin necesidad de someternos a la desgracia de Funes, en aparatos cada vez más pequeños, prótesis diría Freud, y a la vez más rapidamente considerados obsoletos.
Las fotos digitales nos permiten sacar mil fotos de un viaje. Será que ahora, por la magia de la computación, suceden mil hechos memorables en las vacaciones cuando en el pasado los insignificantes rollos de 36 fotos nos proporcionaban esa ínfima cantidad de experiencias notorias. Será que la técnica y no nosotros produce y elige lo que será colgado en la red.
Uno mira con cariño las fotos de los amigos y aún las propias que otros sacaron de uno mismo (mis fotos son inútiles porque siempre las saco movidas, resistencia o incapacidad que acaso explique esta nota) pero hay algo de falso y de mecánico en todo esto. Acaso sea cierto lo que decía la gente que desconfiaba de la fotografía en sus albores y un poco de nuestra alma sea robado en cada selfie
Un gran amor puede ser memorable; un asado con amigos en el que uno se va a reír como nunca lo hará después también lo puede ser, o yendo a algo menos universal: el momento que uno lee o escribe el libro que andaba buscando desde siempre puede ser lo memorable o decisivo. Esta es mi lista pero puede haber otras, todas son válidas justamente porque los ejemplos de lo que puede ser memorable están atados a la subjetividad del que entrega la lista o al trabajo que irá haciendo el paso del tiempo.
Sucede que la vida no es el cine de Hollywood y en los momentos privilegiados no suena una música de fondo, ni el director marca a los protagonistas con sendos primeros planos. Vivimos una vida pequeña, algo burda, sin nada que se parezca a la épica, y es muy posible que lo memorable haya pasado por nuestra vereda y no nos hayamos dado cuenta y nos hayamos ido a dormir o nos hayamos ido a otro lado apurados por ver tal o cual programa de televisión o ha comprar cigarrillos antes de que cerraran los kioskos.
Recordaremos pero también será necesario, para narrar lo memorable olvidar los detalles de lo que ya dijimos es banal en nuestra vida. Podemos intentar una lista de las cosas tediosas de nuestra rutina: cuando nos afeitamos, cuando tomamos el colectivo cada mañana, cuando compramos alfajores. El olvido entonces vendrá en nuestra ayuda y nos ayudará a encontrar las pepitas de oro en el barro.
Funes, en el cuento fantástico de Borges, es un muchacho humilde de campo, que habrá de tener un accidente, lo volteará un redomón en la estancia de San Francisco, según nos dice el narrador, y quedará tullido, sin esperanza. Ese accidente también le regalará una memoria prodigiosa. Más recuerdos tengo yo solo, dice luego Funes, que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo. Pero también nos dice que su memoria es como un vaciadero de basura. Hacia el final del cuento, luego de enumerar las tareas inútiles que Funes emprende con su prodigiosa memoria, Borges dice que sospecha que no era muy capaz de pensar. Pensar, nos dice Borges, es olvidar diferencias, es generalizar, es abstraer. En el abarrotado mundo de Funes, concluye, no había sino detalles, casi inmediatos.
En la era informática, sin embargo, amamos los detalles, la información más insignificante es guardada en memorias que podemos comprar sin necesidad de someternos a la desgracia de Funes, en aparatos cada vez más pequeños, prótesis diría Freud, y a la vez más rapidamente considerados obsoletos.
Las fotos digitales nos permiten sacar mil fotos de un viaje. Será que ahora, por la magia de la computación, suceden mil hechos memorables en las vacaciones cuando en el pasado los insignificantes rollos de 36 fotos nos proporcionaban esa ínfima cantidad de experiencias notorias. Será que la técnica y no nosotros produce y elige lo que será colgado en la red.
Uno mira con cariño las fotos de los amigos y aún las propias que otros sacaron de uno mismo (mis fotos son inútiles porque siempre las saco movidas, resistencia o incapacidad que acaso explique esta nota) pero hay algo de falso y de mecánico en todo esto. Acaso sea cierto lo que decía la gente que desconfiaba de la fotografía en sus albores y un poco de nuestra alma sea robado en cada selfie
viernes, 21 de noviembre de 2014
La larga agonía de la Argentina antiperonista
El título de este artículo se refiere como es evidente al recientemente fallecido Tulio Halperín Donghi, célebre historiador al que seguramente no le hubiera agradado que se lo amontonara bajo la denominación de antiperonista, pero justo o no, Halperín pertenece a esa persistencia Argentina (cito a Feinmann).
Tal vez, en su caso, se deba decir que pertenecía al Antiperonismo en la modalidad de la tragedia. Su propio talento, el prestigio que ganó con ese talento, cayó en un vacío, en una corriente política que rehusa definirse, que aspira naturalizarse, volverse invisible. Hay cientos de libros sobre la historia del Peronismo y no conozco ninguno que se haya titulado historia del Antiperonismo.
El vigor del Antiperonismo le permitió incluso intentar la desaparición del Peronismo desde dentro del mismo Peronismo de la mano de un dirigente folklórico como Cárlos Menem. Esa fue quizás su obra cumbre, lograr que los Peronistas voten su propia desaparición, algo así como si los trabajadores mandaran su propio telegrama de despido.
El nuevo episodio Carrió estaría entonces encuadrado en la comedia. Una intervención mediática alejada del elegante barroquismo del viejo Halperín pero que no deja de pertenecer a la continuidad de una idea. Carrió se inmoló esta vez (nadie puede decir que sea la última) con el propósito de empujar la unión a nivel nacional del Unen con el Pro. Los Radicales habían rechazado recientemente esa posibilidad. Uno podría preguntarse lateralmente qué hace tan diferentes a dirigentes como Aguad y Sanz del ingeniero Macri. La respuesta podría buscarse en la pregunta que pretendemos hacernos sobre al identidad Antiperonista. Esa identidad es para estos señores radicales vergonzante. Es un poco de mal gusto a esta altura del partido definirse como Antiperonista y por otro lado sería privarse del voto de algún peronista distraido.
Esta también el intento de Clarín de repetir la formula Menem con el eterno sonriente Massa pero ese intento parece diluirse día a día.
Tal vez el arranque de Carrió este también relacionado, ella misma lo mencionó, con haber advertido, entre las brumas de su conciencia, que el Antiperonismo no la elije para el papel de candidata presidencial sino para el de un agonizante personaje mediático, una especie de Moria Casan rubia, o de Lanata versión teatro de revista. Y que su lugar es menor al del culo-objeto de Jéssica Sirio, que dice más de la ideología de esa corriente histórica (estoy citando al maestro Feinmann) que las cuatrocientas cincuenta páginas de revolución y guerra, libro nunca mencionado en la tribuna de doctrina de Marcelo Tinelli
Tal vez, en su caso, se deba decir que pertenecía al Antiperonismo en la modalidad de la tragedia. Su propio talento, el prestigio que ganó con ese talento, cayó en un vacío, en una corriente política que rehusa definirse, que aspira naturalizarse, volverse invisible. Hay cientos de libros sobre la historia del Peronismo y no conozco ninguno que se haya titulado historia del Antiperonismo.
El vigor del Antiperonismo le permitió incluso intentar la desaparición del Peronismo desde dentro del mismo Peronismo de la mano de un dirigente folklórico como Cárlos Menem. Esa fue quizás su obra cumbre, lograr que los Peronistas voten su propia desaparición, algo así como si los trabajadores mandaran su propio telegrama de despido.
El nuevo episodio Carrió estaría entonces encuadrado en la comedia. Una intervención mediática alejada del elegante barroquismo del viejo Halperín pero que no deja de pertenecer a la continuidad de una idea. Carrió se inmoló esta vez (nadie puede decir que sea la última) con el propósito de empujar la unión a nivel nacional del Unen con el Pro. Los Radicales habían rechazado recientemente esa posibilidad. Uno podría preguntarse lateralmente qué hace tan diferentes a dirigentes como Aguad y Sanz del ingeniero Macri. La respuesta podría buscarse en la pregunta que pretendemos hacernos sobre al identidad Antiperonista. Esa identidad es para estos señores radicales vergonzante. Es un poco de mal gusto a esta altura del partido definirse como Antiperonista y por otro lado sería privarse del voto de algún peronista distraido.
Esta también el intento de Clarín de repetir la formula Menem con el eterno sonriente Massa pero ese intento parece diluirse día a día.
Tal vez el arranque de Carrió este también relacionado, ella misma lo mencionó, con haber advertido, entre las brumas de su conciencia, que el Antiperonismo no la elije para el papel de candidata presidencial sino para el de un agonizante personaje mediático, una especie de Moria Casan rubia, o de Lanata versión teatro de revista. Y que su lugar es menor al del culo-objeto de Jéssica Sirio, que dice más de la ideología de esa corriente histórica (estoy citando al maestro Feinmann) que las cuatrocientas cincuenta páginas de revolución y guerra, libro nunca mencionado en la tribuna de doctrina de Marcelo Tinelli
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