sábado, 30 de junio de 2012

Gracias Badìa

     Toda vida que se pierde es irrecuperable. Lo digo conciente de que la maquinaria mediàtica amenaza con condenar a la repeticiòn cualquier palabra que se diga en estas circunstancias.
     Juan Alberto Badìa, de èl quiero hablar, desenpolvò la palabra trayectoria, la dijo en su ùltima apariciòn pùblica en la entrega de los premios Martìn Fierro. Esa palabra, dicha en ese àmbito, creaba una diferencia, porque trayectoria supone una temporalidad distinta a la que està  vigente, una cadena de hechos necesarias, incluso retrocesos o inmovilidades. Es decir: trayectoria supone tiempo, trabajo, lucha, y no escàndalo, impacto, estridencia y mucho menos la banalidad grosera y pornogràfica imperantes. Ahì habìa un choque de culturas. Claro que eso no fue advertido en esa reuniòn, porque los enfermos no joden, los muertos menos.
    Badìa podìa reclamar trayectorias porque estaba respaldado por su trabajo y por la modalidad en la que habìa hecho sus programas. Su gran èxito, Badìa y cia era un programa òmnibus, es decir duraba 5 o 6 horas, correspondìa a una època que hoy parece prehistòrica, anterior a la tv por cable y a internet. No necesitaba retener al televidente con el recurso del impacto permanente, de la estridencia y la velocidad. No levantaba la voz, su hablar era pausado, tal vez porque tenìa cosas para decir. Recuerdo que en ese programa estuvieron Borges y Sàbato, pero tambièn Sergio Denis y Spinetta y el profesor Lambetain y el mismìsimo Tinelli algo màs gordo y lento. Es decir, tenìa la idea de que lo popular podìa convivir con la alta cultura.
     Alguna vez me lo crucè en la calle, yo iba con mi abuela, nos regalò su amabilidad y su paciencia.
     Dije que su vida es irrecuperable, como es irrecuperable y ùnica cada vida. Nos dejò la nostalgia de una època perdida, pero su trayectoria nos ayuda a pensar, en medio de los gritos y la banalidad infinita, que la creaciòn de una diferencia no es solo posible sino que es indispensable.

sábado, 16 de junio de 2012

Lanata, Sarlo y el discurso Lilita

     Todo en Lilita es un exceso, hasta su derrota. La conocimos en los lejanos días de la reforma constitucional del año 1994 en los que se destacó como referente alfonsinista, algo intelectual (sus admiradores suelen exagerar ese rasgo, pero nunca pudo demostrar ni en un artículo, ni en una exposición pública un nivel cultural que superara la media de la clase política Argentina) y cercana a lo que entonces se entendía como centroizquierda.
     Un día apareció con un pesado crucifijo y aún así no pareció que hubiera cambiado demasiado. Ese nuevo exceso, ahora teológico, le daba una teatralidad que ya tenía rasgos de comedia. Sin embargo, el hecho que la llevó a su mejor interpretación fue el triunfo de Nestor Kirchner en las elecciones en las que Lilita se había presentado como candidata a presidenta por primera vez.
     Fue una derrota pero fue también un renacer. Se despojó de los ropajes de centro izquierda que ya le resultaban incómodos y se puso los de centroderecha. Aprovechó el declinar de Ricardo Lopez Murphi y se puso en su lugar, lo que significaba absorber los mejores cuadros de esa corriente política y el derecho a ocupar los mejores espacios en los medios dominantes.
     Sin embargo, cuando ocurrió lo que se llamó la crisis del campo no pudo liderar a ese sector: Cobos ocupó ese lugar. Pudo haber sido el comienzo de su declinar, pero en las elecciones del 2009 su partido la Coalición Cívica quedó en segundo lugar a unos pocos puntos del Frente para la Victoria.
     Se puede decir que la reacción inesperada del Kirchnerismo la desubicó. Se esperaba un declinar de la presidenta parecido al de Alfonsín pero lo que sucedió fue una contraofensiva con una serie de medidas a las que no se supo cómo reaccionar. Si toda la vida se había dicho que había que hacer una nueva ley de medios, cómo oponerse. Si se había presentado un proyecto parecido a la Asignación Universal por Hijo cómo decir que se estaba en contra.
     Ahí apareció ese personaje mediático increíble, vilipendiado hasta el exceso por 678 y usado hasta el hartazgo por TN. Se convirtió en la contracara farsesca de Cristina imitando mal alguno de sus mejores y de sus peores rasgos. Si Cristina anunciaba el cielo, ella ofrecía el apocalipsis; si el pueblo salía a la calle a festejar ella veía actores pagos por el estado. No se dió descanso ni en el duelo de su rival y nos agotó y se consumió a si misma hasta casi desaparecer en las elecciones del 2011.
     Y entonces volvió Jorge Lanata. Le pusieron rapidamente el vestuario lo maquillaron un poco y lo empujaron para que saliera a escena. Beatriz Sarlo también interviene en la obra. Recita un manual de buenos modales que ella llama republicanismo. Aparece también un grupo de extras con cacerolas a modo de coro griego.
     Todo eso para reemplazar a Lilita. Dicen su discurso pero no es lo mismo. Ella inundaba con su carisma. Hacía pausas, miraba a cámara, lloraba, engordaba, adelgazaba y volvía a engordar, todo por su público. Dirán que su discurso es el discurso de Clarín o incluso pueden decir que es el de la clase social que se niega a perder sus privilegios, pero suyo o ajeno ella decía las palabras y se apropiaba de ellas como las grandes estrellas del espectáculo argentino-
     

domingo, 3 de junio de 2012

La historia como repetición

     Hay una tendencia en el pensamiento a creer que la historia se repite. Aunque la repetición pueda parecer asfixiante, tiene el atractivo de lo mecánico: si esto ocurre, sucederá luego aquello y todo seguirá más o menos igual.
     Horacio Gonzalez, en su último libro "La Lengua del Ultraje",cita a Sarmiento: "la Mazorca, con los mismos caracteres, compuesta de los mismos nombres. Ha existido en la edad media en Francia en los tiempos de la guerra entre los partidos de los Armagnar y del duque de Borgoña". Luego dice el propio Horacio: Sarmiento resuelve todo con un ejercicio de sustituciones...Esta sustitución opera por reemplazo de cada punto por otro que mantiene su correspondencia por encima de las distancias de época...De esta forma se hacía fácil poner en juego el recurrente motivo de la "repetición de la historia".
     Este mecanismo de la repetición también lo ve Horacio Gonzalez en el Dieciocho Brumario de Karl Marx: "Marx describe la repetición histórica con grandes argucias metafóricas, como producto de un pasado que se transforma en fuerza onírica colectiva, a la manera de una recurrente pesadilla que lleva a la pavorosa ilusión de que es posible relatar los hechos nuevos con los recursos que una epopeya anterior ya ha preparado. Y luego: "El tiempo circular, sin embargo, no atraía a Marx, y si como tragedia le era levemente aceptable, el mundo moderno ya tenía que decidir que la mentalidad colectiva atrapada por la cita del pasado solo podía considerarse una farsa."A este concepto queríamos llegar: la repetición se hace imposible, porque al repetirse un ciclo, ya sin algunos de sus elementos que lo acompañaban, se convierte en una farsa.
     Cómo se puede considerarse entonces a la reaparición de estos señores Biolcatti y Bussi y su coro de cacerolas indignadas sino como una farsa. Hay sí un ciclo que se repite: el triunfo de Cristina, esta vez no con el 47 % de los votos sino con 7 puntos más; aumento de los impuestos, desde una cifra irrisoria a una más cercana al equilibrio; 8000 millones de dólares que ese sector no liquida, solo para demostrar que son ellos los que mandan; y una reacción del sector político esta vez algo más racional permitiendo la sanción de la ley que permite el aumento de los impuestos. Es decir: igual, pero no tanto.
     También se suma a estos ciclos farsescos lo que podemos llamar el teleteatro del dolar, no disociado, como ya dijimos con la manera que el poder económico le hace sentir su fuerza al poder político cuando este intenta salirse de la linea de sus intereses, pero relacionado también con una cultura del miedo a perderlo todo de un sector importante de nuestra sociedad. No hubo una respuesta adecuada, a mi entender, para desactivar ese miedo entendible de un grupo social que todavía tiene memoria de pasadas catástrofes que truncaron más de una vida. Y es una falta que pronto se deberá cubrir sobretodo tratándose de un gobierno que ha entendido que toda batalla política es también una batalla simbólica.

sábado, 5 de mayo de 2012

La linea de Página 12

     Supongo que existe una continuidad, una linea que va desde la revista Satiricón en los principios de los setenta; la revista Humor de fines de los setenta y comienzo de los ochenta; la revista El Periodista de Buenos Aires; y finalmente el diario Página12. Esa linea es también la linea que cruza nuestras vidas. Es decir, hubo un motivo por el cual elegimos esas lecturas y no otras. Alguien dirá: las elegimos porque eramos jóvenes. Las elegimos porque había una sustancia en esa revistas que era el humor. Un humor desafiante, escandaloso, juvenil, crítico (Satiricón fue censurada por el gobierno de Isabel y Lopez Rega y un número de la revista Humor fue secuestrado por la dictadura). También había caricaturas, las demoledoras tapas de Cascioli cuando ya la censura se escapaba por la ventana- Había columnistas, lo que permitía identificarse con una escritura (otra cosa en común que tenían esos medios era que escribían muy buenos escritores o periodistas que luego se dedicarían a la literatura) y luego sentir, de alguna manera, que se establecía un diálogo con aquel que escribía y que ponía su foto en la parte superior de la nota.
     En los primeros años Página te manchaba los dedos. Se podía decir entonces que leíamos el diario con todo el cuerpo y que quedábamos con una mancha en nosotros como consecuencia de la lectura. Dedos manchados para enchastrar al mundo establecido, dedos manchados para reconocerse en la calle con otros que habían tocado la misma lectura. Aún hoy, si veo a alguien en el colectivo leyendo Página me dan ganas de levantarme y saludarlo como a un amigo todavía no conocido.
     Página 12 es, en muchos sentidos, la cristalización de esa linea. Varios de los que escriben o escribieron en Página también lo hicieron en los otros medios. Puedo nombrar rápidamente a José Pablo Feinmann, mi escritor preferido.
     Jorge Lanata, que fue su primer director y luego difamador, quiere, aún hoy, apoderarse del diario. Busca en sus bolsillos el prestigio perdido y solo encuentra migajas de aquella época: la tapa amarilla o alguna anécdota lateral, porque ya no puede reivincidar las ideas del diario, esas ideas defendidas con valor por Página en el desierto de la década menemista  hoy están, para alegría de muchos de nosotros, en el gobierno.

miércoles, 25 de abril de 2012

El discurso de las mercancías

     Las mercancías no hablan. Se limitan a permanecer cerca o lejos de nosotros, accesibles o no,  visibles e inmóviles, pero siempre mudas.
     Es cierto que el discurso publicitario, es decir, los carteles en la calle, los avisos en la televisión o en la radio, bien pueden identificarse como el lenguaje que las mercancías por si misma no emiten.
     La repetición es la estrategia más común de ese discurso. Esa repetición, a pesar de su estridencia y de sus colores agresivos, no cansa, se incorpora a nosotros, se naturaliza sin causar el mínimo conflicto.
     ¿Viste tal propaganda? Las propagandas, según su estrategia, pueden ser chistosas o conmovedoras, cargadas de erotismo o de violencia: hay una propaganda para cada uno de nosotros. Pero, ¿no somos nosotros mismos, nuestra vestimenta, nuestro consumo, nuestro lenguaje, nuestra propia vida en definitiva, una manifestación de las mercancías, una especie de trascendencia de esos objetos que nosotros mismos les prestamos sin que se nos haya pedido?
     Hay, podemos concluir, un gobierno de las mercancías. Ellas ocupan todo el espacio, son pura inmanencia, no hay nada fuera de ellas. Como el Dios de la edad media reinan y se hace su voluntad.
     Ahora ¿se puede modificar esta realidad? Sí, se puede. A la inmovilidad del mundo de las mercancías le debemos imponer la actividad humana; a la repetición de lo viejo, la creatividad; y al silencio de las mercancías la comunicación entre los hombres

sábado, 14 de abril de 2012

Por qué habla Videla

     Tan importante es pensar en lo que dice Videla como pensar en por qué lo dice, por qué habla. En principio se trata de una desobediencia, de una ruptura. Dice: hubo siete u ocho mil desaparecidos. Dice: los empresarios y la iglesia estaba de acuerdo. Todos lo sabíamos pero tiene mucho peso simbólico que Videla lo diga.
     En el relato procesista Videla era el cadete, el austero, el silencioso, el que leía libros religiosos durante los juicios. Massera era el putañero, el corrupto, el que dirigía la Esma. Pero el peor de sus crímenes era que coqueteaba con el populismo: le mandaba flores a Isabel y dólares a Firmenich. Era tan malo que se convertía en una anomalía, en un exceso.
     Ahora Videla habla y la diferencia se derrumba. Videla se desnuda en público y desnuda al sistema. Videla dice: queríamos disciplinar la sociedad para imponer una economía liberal. Mejor síntesis imposible.
     La frutilla del postre es la utilización del término disposición final que, según dice Videla, en el vocablo militar significa "sacar de servicio una cosa inservible".

lunes, 9 de abril de 2012

Historia de una frase

     Todo muerto tiene derecho a su historicidad, más aún si ese muerto ha dejado palabras dichas en el drama de la historia pública. Se sabe: la comprensión del pasado requiere de un cambio en las relaciones de poder y además de un trabajo doloroso y del sacrificio de las distintas generaciones de trabajadores y de las manos que van escribiendo el texto colectivo.
     Quiero llegar a una frase dicha por un dirigente radical que quizás algunos recuerden: Juan Carlos Pugliese. Ya era un prohombre de la democracia cuando fue llamado por el entonces presidente Raúl Alfonsín para ocupar el cargo de ministro de economía en los tortuosos días finales de su gobierno. Había ganado status de prócer gracias al relato mítico que se había hecho sobre el gobierno de Illia en los primeros tiempos de la democracia: un humilde médico de Córdoba que había gobernado este país con un grupo de dirigentes honestos y había sido derrocado por un grupo de militares fascistas y dirigentes sindicales cómplices. Ese mito despolitizado nos decía que bastaba con un gobierno honesto para que el país encontrara su rumbo sus habitantes la felicidad. Alfonsín tenía una frase que iba hasta ese punto: con la democracia se cura, se come, y no sé cuántas cosas más. Es decir: no se hablaba de un cambio de sistema, solo se reemplazaba a militares por civiles honestos y abriríamos nuevamente la puerta de las fábricas.
     Vayamos finalmente a la frase: Pugliese, ya como ministro de economía, se reunió con representantes del poder económico, en medio de un ya lanzado golpe de mercado y declara al salir de la reunión: les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo.
     Hoy podemos caer fácilmente sobre esa frase, no solo porque pasaron más de veinte años desde que fue dicha, sino porque las relaciones de poder son distintas. Pero para dejar atrás esa frase y lo que implica hizo falta el sacrificio de millones de trabajadores que fueron dejados en la calle y que se sumaron como víctimas a los miles que podrían haberlos defendido pero desaparecieron en la oscuridad de la dictadura.
     Hay, sin embargo, otro relato, que es el que escribió Rodolfo Walsh en su carta de un escritor a la junta militar. En el unía las muertes de la represión con el sistema económico que el denominó como "miseria planificada". No pudimos leerla cuando fue escrita por la censura y luego por la ceguera más o menos voluntaria de los años ochenta y noventa. Ahora está sobre la mesa. Es lo que se está discutiendo en estos días, aunque pensemos que estamos hablando de otra cosa.