Romper es fácil, construir no. La construcción requiere de una intencionalidad política y de un conjunto de virtudes humanas difíciles de encontrar en algún líder político, la pasión, que según Hegel es el motor de toda idea, y a la vez la paciencia para soportar las posibles dilaciones y contratiempos inevitables.
El presidente Mau sabe romper. Nadie que conozca su biografía política puede desconocer esa característica notable en su personalidad. Se trata, como se sabe, de un niño sobreprotegido al que se le ha permitido romper serialmente todos los juguetes políticos que sucesivamente se construyeron para él. Rompió con Sobisch una vez que el ex gobernador se deslizó desde las páginas políticas a las policiales, con el asesinato del maestro Fuentealba; rompió con Lopez Murphi porque el niño Mauricio no nació para compartir nada, rompió con Duhalde cuando desechó la candidatura a presidente; rompió con la posible alianza con el mínimo Massa y finalmente rompió con su propia figura cuando avanzada la campaña electoral se declaró casi como un neokirchnerista, ante el estupor de sus ocasionales espectadores.
Dicen que esta última ruptura, planeada en oscuros gabinetes de márketing, fue decisiva para que finalmente se hiciera con el juguete que verdaderamente había deseado desde siempre. Sí. la presidencia de la nación. Pero cómo, el niño Mauricio no iba a destruir nada más, justo cuando tenía la posibilidad de romper lo que sus protectores querían que rompiera. No, era una pequeña mentira necesaria. Un simulacro preparado prolijamente para el público. Los que verdaderamente saben ni por un momento dudaron de él.
Ahora asumió, era inevitalble. Y desde la cima de su gloria hace su voluntad. Sienta a su perro en el sillón presidencial, descansa con sus amigos, baila todo tipo de ritmos musicales y rompe, por supuesto, hace lo que mejor sabe hacer, lo que no le exige el menor esfuerzo. Destruye derechos laborales, leyes aprobadas por el congreso, regulaciones del mercado, dirigentes sociales.
LLegará el momento de construir, pero eso lo harán otros, el niño Mauricio vive y vivirá en su mundo de felicidad y protección
domingo, 7 de febrero de 2016
miércoles, 13 de enero de 2016
La verdad hasta que duela
La verdad, tal como lo leimos en Heidegger, fue de nuevo Aletheia, es decir desocultamiento. Despertamos y el monstruo estaba allí. Pero ya habíamos visto todo. Los globos se anunciaban a sí mismos como representación. Eran solo cotillón.
¿Hay entonces una verdad que se desoculta o una verdad que no se quería ver? La carta robada estaba a la vista de todos. La historia se repite, pero esto qué es, tragedia o comedia. No hay muertos, ni torturados, ni desaparecidos, hay sí una amenaza que pide documentos, que censura a un periodista querido por todos nosotros.
Gestos visibles que parecen ser también provocación. Les molestaba la recurrencia en la memoria porque en el pasado está, por nombrar solo algunos hechos, los golpes de estado convalidados por las sucesivas cortes supremas, el bombardeo a una plaza de mayo llena de gente, el genocidio, hasta la reciente represión de alguien que es recordado como un tonto pero que debería ser nombrado como lo que es, es decir un asesino, estoy hablando por supuesto de De la Rua.
La repuesta, como en el día de ayer, debe ser la gente en la calle, las pintadas, las canciones, las obras de teatro, toda forma de resistencia que se tenga a mano
¿Hay entonces una verdad que se desoculta o una verdad que no se quería ver? La carta robada estaba a la vista de todos. La historia se repite, pero esto qué es, tragedia o comedia. No hay muertos, ni torturados, ni desaparecidos, hay sí una amenaza que pide documentos, que censura a un periodista querido por todos nosotros.
Gestos visibles que parecen ser también provocación. Les molestaba la recurrencia en la memoria porque en el pasado está, por nombrar solo algunos hechos, los golpes de estado convalidados por las sucesivas cortes supremas, el bombardeo a una plaza de mayo llena de gente, el genocidio, hasta la reciente represión de alguien que es recordado como un tonto pero que debería ser nombrado como lo que es, es decir un asesino, estoy hablando por supuesto de De la Rua.
La repuesta, como en el día de ayer, debe ser la gente en la calle, las pintadas, las canciones, las obras de teatro, toda forma de resistencia que se tenga a mano
miércoles, 16 de diciembre de 2015
Los ricos no piden permiso (la autoridad del presidente)
La autoridad del nuevo presidente es externa a él. No se puede encontrar en su propia trayectoria fortalezas que generen respeto y autoridad. Su triunfo en las elecciones no parece ser suficiente. Sucede que el que ganó fue un producto genial del marketing, una construcción de la publicidad y de la complicidad de los medios. Podríamos decir, si nos quedara algo de ganas para hacer chistes que el triunfo de Macri no ha tenido lugar, cita de Baudrillard y su libro sobre la guerra del golfo como un simulacro.
Y como no encuentra autoridad en él busca producir gestos espectaculares que tengan como consecuencia la emergencia de lo inexistente. La teatralidad fallida de su asunción fue en ese sentido. Lo acompañaron en esa trama los titulares de los medios hegemónicos en los que se relataba el episodio como una disputa en la que el nuevo presidente imponía su autoridad sobre la de Cristina. Pero el relato no resultó creíble y por lo tanto no fue efectivo
Aquí llegamos a un punto importante. La debilidad del nuevo presidente esta directamente relacionada con la fortaleza de una líder única (este adjetivo no es caprichoso, baste nombrar la conmovedora despedida que le dió el pueblo cuando terminó su gobierno) por eso necesita una prótesis de autoridad.
¿Será el episodio lamentable de la designación de jueces de la corte por decreto un nuevo intento fallido de constuir esa autoridad? Nosotros deberíamos poner fin a esta serie desatinada de intentos que parecen no tener ningún límite ético
Y como no encuentra autoridad en él busca producir gestos espectaculares que tengan como consecuencia la emergencia de lo inexistente. La teatralidad fallida de su asunción fue en ese sentido. Lo acompañaron en esa trama los titulares de los medios hegemónicos en los que se relataba el episodio como una disputa en la que el nuevo presidente imponía su autoridad sobre la de Cristina. Pero el relato no resultó creíble y por lo tanto no fue efectivo
Aquí llegamos a un punto importante. La debilidad del nuevo presidente esta directamente relacionada con la fortaleza de una líder única (este adjetivo no es caprichoso, baste nombrar la conmovedora despedida que le dió el pueblo cuando terminó su gobierno) por eso necesita una prótesis de autoridad.
¿Será el episodio lamentable de la designación de jueces de la corte por decreto un nuevo intento fallido de constuir esa autoridad? Nosotros deberíamos poner fin a esta serie desatinada de intentos que parecen no tener ningún límite ético
lunes, 7 de diciembre de 2015
La restauración
¿Es posible una restauración? ¿Es posible que las cosas vuelvan a su origen, tal cual fueron, luego de que fueron vividas? No puedo responder a esas preguntas, pero de lo que estoy seguro es de que hay muchos, quizás yo mismo, que deseamos que de alguna u otra forma esa posibilidad sea cierta.
¿No fue el kirchnerismo una restauración de la memoria de los setenta y también la de los aún más viejos, la generación de mi padre que estuvo en la Plaza de Mayo en aquel octubre siempre cercano?
Se restauró entonces una memoria, es decir una interpretación, un relato como les gusta decir a muchos patrones de la palabra creyendo desvalorizar las que usan los demás.
Sobrevive una nostalgia, que no es precisamente tristeza sino testimonio de que en verdad valió la pena vivir, ese hecho que el pueblo atesora en la lujosa memoria del arte o la más humilde de las mesas de cafe. Así se guardo la memoria del peronismo en épocas del decreto 4161, que es útil recordarlo una vez más, fue el decreto que criminalizaba la mención de la palabra Perón.
La restauración de esa memoria de esos días luminosos y también la de los de derrota y tragedia tuvo como propósito cargarlos de sentido y permitirles que sigan produciendo consecuencias materiales beneficiosas para el pueblo, la recuperación de millones de puestos de trabajo y también la dignidad de tres millones de trabajadores mayores que no había podido jubilarse como consecuencia de la tragedia neoliberal entre otras medidas como los planes sociales que distribuyeron el ingreso como no se hacía desde el primer peronismo.
Qué memoria querrán restaurar el grupo político conservador triunfante. Espero que no sea el de la violencia. No creo tampoco que puedan. Esa memoria ha sido abundantemente interpretada e intervenida. Los asesinos han sido juzgados y encarcelados. Los grupos económicos integrantes de aquella dictadura y sus aliados internacionales siguen vivitos y coleando. Son gente de temer. Sus ceos ocupan los ministerios. Pero van a tener que negociar con el pueblo organizado y liderado por Cristina, cosa a la que no están acostumbrados. El cincuenta y un por ciento de los argentinos han confundido el país con una empresa. Veremos que pasa cuando termine la fiesta y se desinflen los globitos amarillos
¿No fue el kirchnerismo una restauración de la memoria de los setenta y también la de los aún más viejos, la generación de mi padre que estuvo en la Plaza de Mayo en aquel octubre siempre cercano?
Se restauró entonces una memoria, es decir una interpretación, un relato como les gusta decir a muchos patrones de la palabra creyendo desvalorizar las que usan los demás.
Sobrevive una nostalgia, que no es precisamente tristeza sino testimonio de que en verdad valió la pena vivir, ese hecho que el pueblo atesora en la lujosa memoria del arte o la más humilde de las mesas de cafe. Así se guardo la memoria del peronismo en épocas del decreto 4161, que es útil recordarlo una vez más, fue el decreto que criminalizaba la mención de la palabra Perón.
La restauración de esa memoria de esos días luminosos y también la de los de derrota y tragedia tuvo como propósito cargarlos de sentido y permitirles que sigan produciendo consecuencias materiales beneficiosas para el pueblo, la recuperación de millones de puestos de trabajo y también la dignidad de tres millones de trabajadores mayores que no había podido jubilarse como consecuencia de la tragedia neoliberal entre otras medidas como los planes sociales que distribuyeron el ingreso como no se hacía desde el primer peronismo.
Qué memoria querrán restaurar el grupo político conservador triunfante. Espero que no sea el de la violencia. No creo tampoco que puedan. Esa memoria ha sido abundantemente interpretada e intervenida. Los asesinos han sido juzgados y encarcelados. Los grupos económicos integrantes de aquella dictadura y sus aliados internacionales siguen vivitos y coleando. Son gente de temer. Sus ceos ocupan los ministerios. Pero van a tener que negociar con el pueblo organizado y liderado por Cristina, cosa a la que no están acostumbrados. El cincuenta y un por ciento de los argentinos han confundido el país con una empresa. Veremos que pasa cuando termine la fiesta y se desinflen los globitos amarillos
martes, 24 de noviembre de 2015
El país gobernado por sus dueños
La historia de la derecha en la Argentina parece interrumpirse en 1930, fecha del primer golpe de estado. Luego de esa fecha, esa narración, entendida como verdad y como tal enseñada en los colegios, se hace discontinua, confusa, silenciosas.
En los fastos del primer centenario, que también fueron, vale decir, los festejos de la victoria de la clase oligárquica, en la larga guerra civil del siglo diecinueve, que dieron como resultado la apropiación de tierra vía ley de enfiteusis y exterminio de los indios, la república conservadora le mostró al mundo el país que finalmente habían construido, tan parecido a Europa. País o ciudad no pareció importar demasiado.
Ese intento fallido de totalizar fue la cima del relato conservador y también el comienzo de su declinación. Los festejos se hicieron bajo estado de sitio, había aparecido ya un sujeto, el anarquismo revolucionario, que había venido a arruinar la fiesta oligárquica. Los europeos que venían a traernos la civilización, según había sido el sueño de la generación del 37, como una especie de inmanencia, trajo en vez la ruptura revolucionaria.
Lugones, pluma trágica de la república liberal, decidió sacar el gaucho de uno de sus cajones, puso el relato de la derrota de Martín Fierro como libro nacional. No al Facundo, como habría deseado Borges, porque tal vez intuía que la historia del Tigre de los LLanos, tal como lo dijo el maestro Feinmann, es el más brillante narración de la rebeldía de los caudillos.
La aparición del peronismo puso por primera vez la lucha de clases en el primer plano de las relaciones políticas y culturales de la Argentina. Tal vez porque la lucha del pueblo no se produce en el laboratorio de las ciencias sociales, como lo plantea la izquierda platónica, sino en el barro de la historia, del que surgieron los cabecitas negras, gente de malos modales, que violentaron la gloriosa fuente de la plaza de Mayo, poniendo las patas en ella para refrescarse luego de haber caminado kilómetros para liberar a su lider. Esos trabajadores pudieron mandar a sus hijos a estudiar. Esos jóvenes leyeron a Marx y lo articularon con las luchas de la periferia, tal vez porque como sus padres no sabían comportarse y violentaron esos clásicos europeos y lo leyeron como les dió la gana.
El régimen reaccionó, como dolorosamente sabemos, con una violencia que superó un límite que la humanidad no pudo soportar.
En los festejos del segundo centenario, no hubo estado de sitio. Cientos de miles de personas festejaron en la calle. La presidenta que los acompañaba era una mujer peronista. Impecable premio de la historia. El pueblo fue el que narró la historia, esta vez con su propia voz.
Podemos dar un salto hasta la actualidad, es decir el siglo XXI, Mauricio Macri se apresta a asumir la presidencia del país. Producto auténtico de los nichos del poder real, es decir, los negocios sucios con el estado, el marketing publicitario y la protección de las empresas periodística que son sus socios. Ya no necesita la mediación de los traidores que nunca faltaron en los partidos populares. Eso es nuevo. El patrón se pone él mismo el traje presidencial.
Por suerte el futuro todavía es una página en blanco.
En los fastos del primer centenario, que también fueron, vale decir, los festejos de la victoria de la clase oligárquica, en la larga guerra civil del siglo diecinueve, que dieron como resultado la apropiación de tierra vía ley de enfiteusis y exterminio de los indios, la república conservadora le mostró al mundo el país que finalmente habían construido, tan parecido a Europa. País o ciudad no pareció importar demasiado.
Ese intento fallido de totalizar fue la cima del relato conservador y también el comienzo de su declinación. Los festejos se hicieron bajo estado de sitio, había aparecido ya un sujeto, el anarquismo revolucionario, que había venido a arruinar la fiesta oligárquica. Los europeos que venían a traernos la civilización, según había sido el sueño de la generación del 37, como una especie de inmanencia, trajo en vez la ruptura revolucionaria.
Lugones, pluma trágica de la república liberal, decidió sacar el gaucho de uno de sus cajones, puso el relato de la derrota de Martín Fierro como libro nacional. No al Facundo, como habría deseado Borges, porque tal vez intuía que la historia del Tigre de los LLanos, tal como lo dijo el maestro Feinmann, es el más brillante narración de la rebeldía de los caudillos.
La aparición del peronismo puso por primera vez la lucha de clases en el primer plano de las relaciones políticas y culturales de la Argentina. Tal vez porque la lucha del pueblo no se produce en el laboratorio de las ciencias sociales, como lo plantea la izquierda platónica, sino en el barro de la historia, del que surgieron los cabecitas negras, gente de malos modales, que violentaron la gloriosa fuente de la plaza de Mayo, poniendo las patas en ella para refrescarse luego de haber caminado kilómetros para liberar a su lider. Esos trabajadores pudieron mandar a sus hijos a estudiar. Esos jóvenes leyeron a Marx y lo articularon con las luchas de la periferia, tal vez porque como sus padres no sabían comportarse y violentaron esos clásicos europeos y lo leyeron como les dió la gana.
El régimen reaccionó, como dolorosamente sabemos, con una violencia que superó un límite que la humanidad no pudo soportar.
En los festejos del segundo centenario, no hubo estado de sitio. Cientos de miles de personas festejaron en la calle. La presidenta que los acompañaba era una mujer peronista. Impecable premio de la historia. El pueblo fue el que narró la historia, esta vez con su propia voz.
Podemos dar un salto hasta la actualidad, es decir el siglo XXI, Mauricio Macri se apresta a asumir la presidencia del país. Producto auténtico de los nichos del poder real, es decir, los negocios sucios con el estado, el marketing publicitario y la protección de las empresas periodística que son sus socios. Ya no necesita la mediación de los traidores que nunca faltaron en los partidos populares. Eso es nuevo. El patrón se pone él mismo el traje presidencial.
Por suerte el futuro todavía es una página en blanco.
martes, 27 de octubre de 2015
Militantes de guante blanco
Hay cierta comodidad en la derrota, cierta degustación del cinismo, una burla canalla de la pasión de los que se apasionan. Porque son fríos, se destacan en el lugar que ocupan porque lo tienen todo calculado. Gente vestida siempre de blanco, que comen con los guantes puestos y caminan por la calle con máscaras estilo Michael Jackson.
Basta de épica dijo por radio Martín Granovsky, pretigioso periodista de página 12, en radio nacional. Elogios apenas velados a la gestión Pro, de parte de Natanson que también escribió en página y que ahora escribe en el Dipló. Todo en mi adorado programa gente de a pie. ¡Socorro!
Se explica el odio a 678 en el ámbito de los periodistas del círculo rojo.
Podría pasar lo mismo con compañeros recepcionistas de cualquier relato de fin de sueños.
Tal vez sea una de las funciones que sí podemos agradecer a la derrota: desnmascara a los que se subieron al tren de Nestor porque los dejaba cerca (se acuerdan del glorioso tren contra el Alca) y que ahora se preparan a trasbordar al andén privatizado de Mauricio para ser la izquierda de la derecha
Basta de épica dijo por radio Martín Granovsky, pretigioso periodista de página 12, en radio nacional. Elogios apenas velados a la gestión Pro, de parte de Natanson que también escribió en página y que ahora escribe en el Dipló. Todo en mi adorado programa gente de a pie. ¡Socorro!
Se explica el odio a 678 en el ámbito de los periodistas del círculo rojo.
Podría pasar lo mismo con compañeros recepcionistas de cualquier relato de fin de sueños.
Tal vez sea una de las funciones que sí podemos agradecer a la derrota: desnmascara a los que se subieron al tren de Nestor porque los dejaba cerca (se acuerdan del glorioso tren contra el Alca) y que ahora se preparan a trasbordar al andén privatizado de Mauricio para ser la izquierda de la derecha
lunes, 26 de octubre de 2015
Los votos de Massa
Alguien que escribe, que se arriesga a escribir en el vértigo de lo real, es alguien que necesita ponerle nombre a lo que todavía no lo tiene.
Se escribe para entender no porque se tenga una verdad a priori.
Podemos obviar la narración de lo ocurrido y de la incómodas sensaciones que le producen esos hechos compartidos al yo que escribe.
Buscamos un por qué y a eso vamos a dedicarnos. No se podrá evitar, sin embargo las definiciones tajantes que trae siempre el enojo y la frustración.
Muchos sintieron la candidatura de Scioli como una derrota. No poder ponerle un candidato medianamente competitivo enfrente fue el comienzo de la derrota. Que la fortaleza del liderazgo de Cristina tenga que alimentarse a si mismo y que no pueda derramarse en una organización es una limitación, para no repetir por tercera vez la palabra derrota, del proyecto.
Scioli era visto con razón como un candidato de la derecha o por lo menos proveniente de la experiencia menemista. Pero no había sido justamente Scioli quien había aportado los votos ajenos al kirchnerismo puro que habían permitido el 47% del 2007 y el 54% del 2011.
Creo que de ahí puede provenir una de las causas del resultado del domingo. Así como en el 2009 con De Narvaez o en 2013 con Massa, Scioli no puedo retener para el frente el voto no kirchnerista.
Lejos de dividir el voto opositor, como creía incluso el círculo rojo que le pidió unirse con Macri, Massa le quitó al frente los votos que le permitieron gozar de sus mejores victorias.
Qué puede pasar en la segunda vuelta con esos votos es dificil saberlo. Creo que para captarlos hay que insistir en quitarle a Macri su cobertura mediática. Lo otro sería copiar las lamentables medidas que proponía Massa y creo que eso nunca hay que hacerlo. Aunque el precio sea la derrota.
Se escribe para entender no porque se tenga una verdad a priori.
Podemos obviar la narración de lo ocurrido y de la incómodas sensaciones que le producen esos hechos compartidos al yo que escribe.
Buscamos un por qué y a eso vamos a dedicarnos. No se podrá evitar, sin embargo las definiciones tajantes que trae siempre el enojo y la frustración.
Muchos sintieron la candidatura de Scioli como una derrota. No poder ponerle un candidato medianamente competitivo enfrente fue el comienzo de la derrota. Que la fortaleza del liderazgo de Cristina tenga que alimentarse a si mismo y que no pueda derramarse en una organización es una limitación, para no repetir por tercera vez la palabra derrota, del proyecto.
Scioli era visto con razón como un candidato de la derecha o por lo menos proveniente de la experiencia menemista. Pero no había sido justamente Scioli quien había aportado los votos ajenos al kirchnerismo puro que habían permitido el 47% del 2007 y el 54% del 2011.
Creo que de ahí puede provenir una de las causas del resultado del domingo. Así como en el 2009 con De Narvaez o en 2013 con Massa, Scioli no puedo retener para el frente el voto no kirchnerista.
Lejos de dividir el voto opositor, como creía incluso el círculo rojo que le pidió unirse con Macri, Massa le quitó al frente los votos que le permitieron gozar de sus mejores victorias.
Qué puede pasar en la segunda vuelta con esos votos es dificil saberlo. Creo que para captarlos hay que insistir en quitarle a Macri su cobertura mediática. Lo otro sería copiar las lamentables medidas que proponía Massa y creo que eso nunca hay que hacerlo. Aunque el precio sea la derrota.
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