martes, 24 de noviembre de 2015

El país gobernado por sus dueños

     La historia de la derecha en la Argentina parece interrumpirse en 1930, fecha del primer golpe de estado. Luego de esa fecha, esa narración, entendida como verdad y como tal enseñada en los colegios, se hace discontinua, confusa, silenciosas.
     En los fastos del primer centenario, que también fueron, vale decir, los festejos de la victoria de la clase oligárquica, en la larga guerra civil del siglo diecinueve, que dieron como resultado la apropiación de tierra vía ley de enfiteusis y exterminio de los indios, la república conservadora le mostró al mundo el país que finalmente habían construido, tan parecido a Europa. País o ciudad no pareció importar demasiado.
     Ese intento fallido de totalizar fue la cima del relato conservador y también el comienzo de su declinación. Los festejos se hicieron bajo estado de sitio, había aparecido ya un sujeto, el anarquismo revolucionario, que había venido a arruinar la fiesta oligárquica. Los europeos que venían a traernos la civilización, según había sido el sueño de la generación del 37, como una especie de inmanencia, trajo en vez la ruptura revolucionaria.
     Lugones, pluma trágica de la república liberal, decidió sacar el gaucho de uno de sus cajones, puso el relato de la derrota de Martín Fierro como libro nacional. No al Facundo, como habría deseado Borges, porque tal vez intuía que la historia del Tigre de los LLanos, tal como lo dijo el maestro Feinmann, es el más brillante narración de la rebeldía de los caudillos.
     La aparición del peronismo puso por primera vez la lucha de clases en el primer plano de las relaciones políticas y culturales de la Argentina. Tal vez porque la lucha del pueblo no se produce en el laboratorio de las ciencias sociales, como lo plantea la izquierda platónica, sino en el barro de la historia, del que surgieron los cabecitas negras, gente de malos modales, que violentaron la gloriosa fuente de la plaza de Mayo, poniendo las patas en ella para refrescarse luego de haber caminado kilómetros para liberar a su lider. Esos trabajadores pudieron mandar a sus hijos a estudiar. Esos jóvenes leyeron a Marx y lo articularon con las luchas de la periferia, tal vez porque como sus padres no sabían comportarse y violentaron esos clásicos europeos y lo leyeron como les dió la gana.
     El régimen reaccionó, como dolorosamente sabemos, con una violencia que superó un límite que la humanidad no pudo soportar.
     En los festejos del segundo centenario, no hubo estado de sitio. Cientos de miles de personas festejaron en la calle. La presidenta que los acompañaba era una mujer peronista. Impecable premio de la historia. El pueblo fue el que narró la historia, esta vez con su propia voz.
     Podemos dar un salto hasta la actualidad, es decir el siglo XXI, Mauricio Macri se apresta a asumir la presidencia del país. Producto auténtico de los nichos del poder real, es decir, los negocios sucios con el estado, el marketing publicitario y la protección de las empresas periodística que son sus socios. Ya no necesita la mediación de los traidores que nunca faltaron en los partidos populares. Eso es nuevo. El patrón se pone él mismo el traje presidencial.
     Por suerte el futuro todavía es una página en blanco.  
   

martes, 27 de octubre de 2015

Militantes de guante blanco

     Hay cierta comodidad en la derrota, cierta degustación del cinismo, una burla canalla de la pasión de los que se apasionan. Porque son fríos, se destacan en el lugar que ocupan porque lo tienen todo calculado. Gente vestida siempre de blanco, que comen con los guantes puestos y caminan por la calle con máscaras estilo Michael Jackson.
     Basta de épica dijo por radio Martín Granovsky, pretigioso periodista de página 12, en radio nacional. Elogios apenas velados a la gestión Pro, de parte de Natanson que también escribió en página y que ahora escribe en el Dipló. Todo en mi adorado programa gente de a pie. ¡Socorro!
     Se explica el odio a 678 en el ámbito de los periodistas del círculo rojo.
     Podría pasar lo mismo con compañeros recepcionistas de cualquier relato de fin de sueños.
     Tal vez sea una de las funciones que sí podemos agradecer a la derrota: desnmascara a los que se subieron al tren de Nestor porque los dejaba cerca (se acuerdan del glorioso tren contra el Alca) y que ahora se preparan a trasbordar al andén privatizado de Mauricio para ser la izquierda de la derecha

lunes, 26 de octubre de 2015

Los votos de Massa

     Alguien que escribe, que se arriesga a escribir en el vértigo de lo real, es alguien que necesita ponerle nombre a lo que todavía no lo tiene.
     Se escribe para entender no porque se tenga una verdad a priori.
     Podemos obviar la narración de lo ocurrido y de la incómodas sensaciones que le producen esos hechos compartidos al yo que escribe.
     Buscamos un por qué y a eso vamos a dedicarnos. No se podrá evitar, sin embargo las definiciones tajantes que trae siempre el enojo y la frustración.
     Muchos sintieron la candidatura de Scioli como una derrota. No poder ponerle un candidato medianamente competitivo enfrente fue el comienzo de la derrota. Que la fortaleza del liderazgo de Cristina tenga que alimentarse a si mismo y que no pueda derramarse en una organización es una limitación, para no repetir por tercera vez la palabra derrota, del proyecto.
     Scioli era visto con razón como un candidato de la derecha o por lo menos proveniente de la experiencia menemista. Pero no había sido justamente Scioli quien había aportado los votos ajenos al kirchnerismo puro que habían permitido el 47% del 2007 y el 54% del 2011.
     Creo que de ahí puede provenir una de las causas del resultado del domingo. Así como en el 2009 con De Narvaez o en 2013 con Massa, Scioli no puedo retener para el frente el voto no kirchnerista.
     Lejos de dividir el voto opositor, como creía incluso el círculo rojo que le pidió unirse con Macri, Massa le quitó al frente los votos que le permitieron gozar de sus mejores victorias.
     Qué puede pasar en la segunda vuelta con esos votos es dificil saberlo. Creo que para captarlos hay que insistir en quitarle a Macri su cobertura mediática. Lo otro sería copiar las lamentables medidas que proponía Massa y creo que eso nunca hay que hacerlo. Aunque el precio sea la derrota.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Las fuerzas armadas en los barrios más humildes

     Según se dice en un spot publicitario, Massa ha declarado la guerra al narcotráfico. El candidato parece haber descubierto, supongo que como resultado de la observación de lo filmado por las cámaras de seguridad, que ese es el problema fundamental que tiene el país.
     Propone modificar la ley de seguridad que prohíbe la intervención de las fuerzas armadas en la seguridad interna. Los militares, dice, deben bloquear las fronteras pero sobretodo entrar en los barrios más humildes, que según su observación, es donde los narcos infectan a los más pobres. Es curioso la utilización de ese término para referirse a una problemática que tiene su fundamento en las relaciones sociales más que en las biológicas. De cualquier manera el ejército, la aviación y la marina deben ingresar en los barrios pobres no se sabe si como en el desembarco en Normandía o como grupo de tareas derribando puertas y destruyendo humanidades.
     La experiencia, en países vecinos, de la intervención militar en el problema del narcotráfico no trajo soluciones duraderas. El ejemplo de Colombia y Méjico son bien conocidos. La experiencia Argentina de la intervención de las fuerzas armadas en problemas internos no es necesario narrarla, todavía sigue estremeciendo la memoria de nuestro país.
     No sé cual es la intención de Massa. Su suegro, el Pato Galmarini, había propuesto restituir el cuadro de Videla. Su trayectoria empieza en la Ucede. Pero esos datos biográficos no alcanzan a explicar su irresponsabilidad.
     Habíamos dicho que el fantasma que recorre la política argentina es el odio de clase. Ese es el nudo del llamado antiperonismo categoría política que nunca estuvo suficientemente expuesta al análisis. El odio que en manos de la burguesía significa como muy bien lo dijo el otro candidato Mauricio Macri, que cada uno gane lo menos posible por lo que hace.
     El pobre entonces, infectado ahora por el narcotráfico como antes lo estuvo de las ideas de emancipación, es el objetivo, nunca dejó de serlo, de la punición oligárquica
 

sábado, 26 de septiembre de 2015

La máscara de Fernando Niembro

     Diríamos que la duplicidad es, de alguna manera, fundante de nuestra nacionalidad. Aprendimos en la escuela que los revolucionarios de mayo juraron lealtad a Fernando VII, entonces cautivo de Napoleón, para desligarse a la vez de la corona española y de su reemplazante José I Bonaparte, impuesto a las fuerzas de España por los invasores franceses y para postergar una declaración de independencia a la que entonces no se sentían fuertes o convencidos de encarar, a eso se le llamó la máscara de Fernando VII.
     El caso de Fernando que es Niembro y no Borbón parece guardar bastante distancia con el ejemplo que dimos, tal vez la misma que hay entre tragedia y comedia, pero, sin embargo, guarda la similitud de que se trata de una acción política cuyo propósito es esconder su verdadera intencionalidad. O mejor, intenta salvar la duplicidad que puesta a la luz derrumbaría algo más que un candidato a diputado.
     La máscara, en este caso, no es la de Fernando sino la de Mauricio, curiosa pirueta por la cual un personaje que inicia su biografía pública formando parte de la tristemente célebre, patria contratista durante la dictadura, que luego continúa con la escandaloso contrato de la basura aprobado durante la gestión Grosso, que sigue con las cloacas de Morón, la condena por contrabando condonada por la corte menemista, el procesamiento por las escuchas,que ese persoje. Macri claro, lidere un frente anticorrupción acompañado por los impolutos integrante del partido otrora llamado Radical parecía imposible hace algunos año, mientras vivía Raúl Alfonsín por lo menos.
     Pero será porque el vuelo del pibe no parece el esperado por el círculo rojo o porque desobedeció la orden de aliarse con Massa, el caso es que le soltaron la mano en el caso Niembro, o tal vez se trate solo de un reto, un disciplinamiento, algo así como portate bien sino sabés lo que te puede pasar, hoy cae Niembro tal vez mañana caés vos
     La verdadera máscara quedó a salvo, los cacerolos pueden seguir hablando de corrupción, discurso que esconde, que enmascara, sus verdaderos sentimientos, que son el odio de clase hacia los excluidos incorporados en estos años. Esto último tiene una traducción al lenguaje empresario cuando dicen en voz baja que los sueldos en dólares, los más altos de América Latina deben bajar.
     Nuestra incognita es la conducta de Scioli ante estos poderes. ¿Se pondrá el traje de De la Rúa o el de Nestor?

domingo, 9 de agosto de 2015

Pararla con el pecho

     Sospecho , en medio de las iluminaciones, si se puede decir, o si quieren la emoción de un triunfo deportivo, que el fútbol también está alcanzado por una historicidad que vale la pena respetar y conocer.
     No desconozco que el fútbol no está exceptuado de la mercantilización imperante en el resto de las actividades humanas pero aún así conserva un halo de rito popular de iniciación para los varones y ahora también para las niñas.
     Era suficiente en los patios de recreo de la infancia con abollar un par de papeles para armar una ceremonia en la que cada uno se mostraba tal cual era y aprendía los rudimentos de una ética que en sustancia se trata de sostener toda la vida. Me refiero a la ética de jugar con el compañero. O de jugársela por un propósito que supera la mera individualidad
     A propósito de eso recuerdo una historia. Sucedió en el año 1966. Yo era un niño, tenía seis años, esa lejanía le da al recuerdo, creo, un estatuto de leyenda más que el cientificismo que puede darle una investigación histórica académica. Sea como sea en ese año River se disponía a disputar por primera vez en su historia la final de la libertadores de América con Peñarol de Uruguay. Cada uno ganó su partido de local y se tuvo que jugar un partido de desempate en Chile. River empezó ganando el partido 2 a 0 y finalmente lo perdió 4 a 2.
     Hay leyendas alrededor de ese partido. Los escasos registros televisivos que se conservan son de pésima calidad. Se dice que Amadeo Carrizo, gran arquero que reinventó de alguna manera su puesto, sacó una pelota con el pecho. Jugada incomprensible para la mayoría. Los adversarios, los jugadores de Peñarol, lo tomaron como una sobrada, se dice que ese enojo los hizo reaccionar y dar vuelta el partido.
     Los de River sí entendieron la jugada de Amadeo. Ese lujo inesperado, tal vez gratuito, ese desafío a la lógica, no tenía como propósito sobrar al rival, sino continuar, respetar diríamos, una tradición, una forma de jugar al fútbol, de jugar simplemente, una identidad que todos los riverplatenses llevamos con orgullo.
     Una continuidad que venía, por ejemplo, de la década del cuarenta donde se había destacado un equipo de River que pasó a la historia con el nombre de la máquina. Luego en la década del cincuenta siguieron los éxitos y jugadores de la talla de Sívori y sobretodo un uruguayo llamado Walter Gomez al que le dedicaron una canción: "la gente ya no come para ver a Walter Gomez". Es decir el futbol como una fiesta cotidiana como el pan de los pobres, como el techito para guarecerse de la lluvia.
     Pero volvamos a Amadeo y a esa derrota humillante. Eso fue la decada del sesenta para River, planteles lujosos que terminaban segundos. Gallinas fue el apodo que quedó reemplazando al más augusto de máquina.
     Esa deuda se empezó a pagar en el 75 de la mano de Angelito Labruna y la internacional de la mano del Bambino Veira en el año 86.
     Todavía quedaba en el tiempo la caida al descenso. Tal vez una caída adánica, es decir un castigo del buen Dios, por querer reemplazarlo de pecho. De todas manera el ascenso no tardó en llegar.
     El miércoles a la noche River salió campeón de América por tercera vez. Han pasado casi cincuenta años del episodio del partido de Peñarol. Hubo pocos lujos. El partido se jugó bajo la lluvia que le terminó dando una estética de aventura épica. Lodo y sangre como la llegada del capital al mundo. Solo queda un deseo. Me gustaría que ese gesto de Amadeo se conserve, que cuando veamos que viene la pelota volando hacia nosotros, por más embarrada que este y aunque estemos con ropa nueva, la paremos con el pecho y salgamos jugando con la cabeza levantada, ese será el definitivo momento de la victoria.

viernes, 24 de julio de 2015

La privatización de la verdad

     Qué se puede decir de la estruendosas declaraciones de Mauricio Macri el domingo. Se puede decir, qué flaco favor le hace a la verdad, qué flaco favor le hace a la palabra política.
     La verdad de los números no parece suficiente. Me refiero a los números de los resultados electorales. Los números de la democracia, de la soberanía popular.
     ¿No había ganado el candidato de Macri en tres ocasiones? Primero en la interna, luego en la primera vuelta y finalmente en la segunda vuelta. Otra pregunta, ¿no pertenecían los dos candidatos a un mismo espacio, a un mismo ámbito de ideas?. Estuve a punto de decir que ambos candidatos tenían la misma ideología. Pero lo peor que te puede pasar es que te digan que tenés una ideología.
     Ahí están los hitos centrales de la experiencia kirchnerista que Macri recitó incómodo ante el consternado coro PRO que decía  no como en una antigua tragedia griega. ¿No constituyen esos hechos, esas medidas de gobierno, una ideología, es decir, un sentido determinado que se le quiere dar a un país? Pero el candidato Macri, que no es un producto manufacturado de la nada por los medios como Massa, sino que viene desde su más tierna infancia, como si fuera Juan Carlos de Borbón, preparándose para reinar, había esgrimido con mejor convicción ideas (ideología) opuestas a la que pronunció el domingo.
     Esta claro que el niño de oro no enloqueció. Tampoco su asesor, el improbable Durán Barba que según informa el portal de La Nación comparó a Macri con Hugo Chavez, Rafael Correa y Evo Morales. Ellos profesan la fe en las encuestas, que es la verdad de los números, pero no los números públicos del voto popular, sino a su privatización.Una verdad que no se presenta como ideología pero que lo es. Una verdad que es pura instrumentalidad.
     No son las encuestas que se publican que, como se sabe y como se comprueba cada vez con más frecuencia, son falsas, son para la gilada, sino los números que no se publican, los números secretos que los candidatos pagan caro (caro en todo sentido) y que adoran y obedecen como a un nuevo Dios.